sábado, 23 de agosto de 2014

LENGUAS  DEL OTRO 
Carlos Guzzetti

 RESUMEN
La práctica analítica se desarrolla entre dos lenguas. Ello es correlativo al hecho de que la constitución del sujeto es resultado de la violencia ejercida por la lengua del Otro sobre el infante desvalido. La traducción está en la base del trabajo del análisis porque es inherente a la relación del sujeto con el prójimo. Ese encuentro es de entrada ético, determinado por la presencia real del rostro. La noción de cortesía da lugar a su dimensión estética. El dispositivo transferencial es transformador tanto del analizante como del analista. La invención freudiana de un nuevo lazo social, no basado en la identificación ni en la estructura libidinal de la masa, es lo que permite afirmar el porvenir de nuestro arte.
* * *

Toda cultura se sostiene de sus mitos, de las variadas torsiones de esas historias fundadoras, que tienen la función de producir y reproducir sujetos, de marcar los bordes de la relación del sujeto con el otro, de indicar los modos de sumisión y de dominio al y del otro. Nuestra cultura occidental se nutre de múltiples yacimientos mitológicos, en particular de los provenientes del sustrato judeo-cristiano y de la antigüedad greco-latina.
Uno de esos mitos formadores es el de la torre de Babel. Esos pocos versículos del Génesis han pasado a lo largo de los milenios a adquirir un valor performativo decisivo de las relaciones entre los hombres. El mito afirma que Jehová, preocupado por el desafío que el trabajo mancomunado de los mortales significaba para su autoridad, decidió introducir la discordia entre ellos. Sobre la faz de la tierra se hablaba una sola lengua, unas mismas palabras, inequívocas y adecuadas siempre a las cosas. Envalentonados por este enorme poder sobre el mundo, el otorgado por la perfecta comprensión, deciden construir la torre que alcanzaría el cielo, disputando sus dominios a Dios. De mantenerse el estado de cosas, era seguro que conseguirían su objetivo. Por lo tanto, el vengativo y celoso Creador descendió sobre la ciudad para confundir las lenguas de modo que nadie pudiera entender el habla de su compañero. De este modo logró que la humanidad se dispersara sobre la faz de la tierra y dejara de edificar la peligrosa torre.
En esta ocasión, a diferencia de tantas otras, Dios se manifiesta mediante una violencia puramente simbólica. Nada de rayos ni diluvios, ni murallas derribadas. Tan sólo la confusión de lenguas bastó para demostrar su poder omnímodo. Fue suficiente con introducir el equívoco, la inadecuación de las palabras de uno a las del otro, para que se conjurase la amenaza que se cernía sobre el poder divino. A partir de allí la presencia del Otro absoluto estaría modulada por la presencia de la alteridad en el prójimo. Si antes de Babel todos los hombres eran Uno, después cada uno resultó extranjero para su semejante. Y así estamos todavía, sin perspectivas de que eso cambie.
Las experiencias más cotidianas testimonian de la eficacia de ese acto divino. Resulta ineludible que en todo encuentro con nuestros semejantes se produzca el malentendido, la confusión, fuente inagotable de querellas y disputas. Sin embargo también a ella le debemos la necesidad universal de la poesía, de la escritura, de la creación estética, único modo de compararnos con la divinidad. Antes de Babel no era preciso el arte, ya que las cosas eran directamente convocadas por las palabras. Después, esa magia ya no operaba, era sólo privilegio de Jehová.
El acto divino de la confusión de lenguas, entonces, introduce una violencia puramente simbólica, lo que de todos modos no deja de ser una violencia eficaz, si no la más.
La adquisición del lenguaje por parte de nuestros niños es también un proceso violento. Entre el infante y el adulto no hay identidad de lenguas, es por eso que los niños lloran, porque el adulto es incapaz de comprender sus necesidades para satisfacerlas sin demora. El proceso es violento y trabajoso (todos hemos visto o sufrido lo agotador que puede resultar y a los extremos que puede llevar el llanto insistente de un bebé) Hace pocos días las noticias informaron de un padre que metió a su bebé en el lavarropas. Cada llanto debe ser significado, forzado a entrar en el limitado universo de significaciones posibles que el adulto proporciona, para de este modo convertirse en una demanda sometida a las vicisitudes de toda demanda a un otro, que puede estar o no dispuesto a satisfacerla, demorarla, frustrarla o sostenerla de modo de que más allá de ella pueda constituirse un deseo propiamente humano. Se trata, como recordaba Mariana, de la violencia primaria de Piera Aulagnier.
Diremos entonces que la lengua del otro siempre tiene un poder traumático. La del adulto para el niño, como acabo de señalarlo, y también la lengua de nuestro prójimo, las diversas inflexiones, peculiaridades léxicas o prosódicas que convierten a la supuesta lengua común en esencialmente incomprensible. Nunca estamos seguros de comprender plenamente lo que el otro nos dice. Ese trauma se procesa con el trabajo del inconsciente. El inconsciente freudiano es precisamente el modo de procesamiento de esta violencia ejercida por la lengua del otro sobre un sujeto en formación.
La experiencia de conducir un análisis nos confronta permanentemente con el hecho de que paciente y analista no hablan la misma lengua. Desde los comienzos del psicoanálisis Freud señaló que las palabras extranjeras están más facilitadas para la producción del trabajo del sueño, el acto fallido, el olvido, porque al ser más indiferentes están más disponibles que las palabras de la propia lengua, cargadas de significado.
Más aún, la eficacia analítica reside en buena medida en poder escuchar el decir del analizante como si se tratara de una lengua extranjera. En ella se pierden las escanciones propias para poder escucharse en otros lugares. Sabemos que en el aprendizaje de una lengua extranjera lo más difícil es reconocer dónde empieza y termina cada palabra, por esto en general resulta más fácil leerla que hablarla o entenderla.
No obstante, en el curso de análisis prolongados, suele establecerse entre paciente y analista una complicidad discursiva, un dialecto propio de ese vínculo transferencial que opera a la vez como indicador de confianza y trabajo compartido y como vehículo de la resistencia. Algo similar a la “lengua fundamental” (Ursprache) del presidente Schreber. Recuerdo una anécdota atribuida a Lacan en sus célebres presentaciones de enfermos en Sainte Anne. Entrevistando en público a los pacientes psicóticos, jamás daba por sobreentendida ninguna palabra que escuchaba. Cuando alguien hablaba de un “fórmula uno”, obviamente referido a los autos de carrera, él interrogaba exhaustivamente el término, como si en verdad no entendiera de qué se trataba. Quizás en verdad no lo sabía…
Obviamente que siguiendo a ultranza esa política podemos caer en la estupidez o el ridículo, pero creo necesario no dejarse seducir por las numerosas significaciones compartidas e interrogar aún lo aparentemente obvio.
En otro plano, a tal punto la diversidad lingüística es traumática, que muchas guerras, en todos los períodos de la historia, tuvieron su origen en una política de la lengua. La película de 2001 No man’s land, del director bosnio Danis Tanović, testimonia trágicamente los efectos subjetivos de la guerra serbio bosnia, donde la cuestión lingüística constituía una dimensión fundamental. Si no te comprendo, entonces te asesino, de este modo me aseguro mi propia integridad e identidad. Expulso de mí al otro extranjero, que así se convierte irreductiblemente en mi enemigo.
Otras políticas son posibles. Vascos, catalanes o gallegos, misioneros, correntinos y salteños son protagonistas de los variados modos en que se manifiestan las políticas lingüísticas. La reciente película “Siete cajas” muestra la mixtura idiomática que hablan las clases populares de Asunción, por lo cual el film está subtitulado en castellano.
Tomemos como ejemplo un fenómeno histórico referido a la constitución de la lengua francesa, correlativa de la conformación del Estado nacional. Bajo el reinado de Francisco I, en 1539 se dicta la ordenanza de Villers-Cotterêts, que impone que todos los procedimientos judiciales y las leyes sean pronunciados en lengua “francesca”, -allí está una de las raíces del nombre del francés, deudor del nombre de pila del rey Francisco-. Hasta entonces Francia era un conglomerado de territorios feudales habitados por diversos grupos étnicos y culturales, que hablaban diferentes dialectos -langue d’oc, langue d’oil, gascón, alsaciano, normando, etc.- La institución de una lengua nacional única, con el argumento de reducir la equivocidad de las ordenanzas reemplazando el latín como lengua culta y la multiplicidad de dialectos como lenguas populares, tenía el claro propósito de sustentar la consolidación política del Estado nacional, soportando la ficción jurídica de que nadie pudiera alegar la ignorancia de la ley.
En este contexto un grupo de diputados de la Provenza van a París a protestar ante el rey por la obligación de juzgar en francés. El rey los hace esperar meses la audiencia solicitada, y les hace saber que no habla otra lengua que el francés. Ante esto, los diputados rebeldes tuvieron ocasión de aprender correctamente la lengua real. En ese mismo acto, pues, pierde todo sentido su protesta, ya que para poder formularla deben hacerlo en la lengua que combaten, la lengua de su enemigo, con lo cual la reivindicación del dialecto regional pierde todo su sentido. Los diputados provenzales se encontraban ante una encerrona ineludible: para reclamar a favor del dialecto, como para reclamar justicia sin más, era necesaria la traducción, era necesario aprender el francés. Y una vez dominada la lengua del rey, proceso imprescindible para tratar de convencer, la reivindicación de la lengua regional carece ya de todo sentido. En el proceso de lucha en favor del dialecto se produce el sometimiento a la lengua dominante.
Hablando la lengua del rey, se reconoce su ley y su autoridad, la lengua materna sucumbe a la lengua del rey, la de la ley que encarna. “Un rey es alguien que sabe hacernos esperar o tomarnos el tiempo necesario para aprender su lengua a fin de reivindicar nuestro derecho, es decir, a fin de confirmar el suyo”. (Derrida)
El ejemplo nos ilustra una forma pacífica, persuasiva, en que esta violencia puede ser ejercida.
Los psicoanalistas tenemos mucho que aprender del problema del translingüismo, porque todos somos de alguna manera translingüísticos. Ferenczi piensa la constitución del inconsciente como un problema relativo a la confusión de lenguas. Trabajamos pues entre dos lenguas, la de la pasión y la de la ternura, modos en que los universos del infante y del adulto se ponen en juego dramático en la actualidad del vínculo transferencial.
Ahora bien, estas afirmaciones subrayan el hecho de que en la relación entre los hombres existe una operación ineludible, a veces explícita y la mayor parte de las veces no, pero siempre presente, que es la traducción. El diálogo siempre implica la puesta en marcha de un proceso de traducción. Al respecto Borges, convidado de piedra en la literatura analítica argentina, sostiene que “ningún problema es tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone una traducción.”
Roman Jakobson se ocupó en un artículo ya clásico de los aspectos lingüísticos de la traducción. Su punto de partida es que todo conocimiento a través de la lengua implica un proceso de traducción. Y deben considerarse tres modos de  traducción posibles:
·      La traducción intralingüística, o reformulación es una interpretación de los signos verbales mediante otros signos de la misma lengua.
·      La traducción interlingüística, o traducción propiamente dicha es una interpretación de los signos verbales mediante cualquier otra lengua.
·      La traducción intersemiótica, o transmutación es una interpretación de los signos verbales mediante los signos de un sistema no verbal, por ejemplo los gestos, la mímica, etc.
Quiere decir que todo el proceso de significación pone en juego la operación de traducción, en cualquiera de los sentidos apuntados. No hay significación sin traducción.
Jakobson apuesta a la traductibilidad completa de la información. Desde esta perspectiva siempre será posible trasponer la totalidad de la información contenida en el original. En el caso de la traducción en sentido estricto, la falta de recursos tanto léxicos como gramaticales en la lengua a la que se traduce un mensaje no impedirá la traducción de toda la información mediante procedimientos léxicos. Es decir, que si la estructura gramatical de una lengua es resistente a la significación de determinado mensaje, o si la misma carece de unidades léxicas equivalentes, siempre será posible mediante alguna perífrasis trasponer la totalidad de la información original. Para ejemplificar basta con recurrir a la expresión más escuchada en la filmografía norteamericana, ya universalizada por el uso reiterado. Me refiero al famoso “fuck you!”. Es imposible trasponerla literalmente  en castellano, ya que la estructura gramatical y los recursos léxicos de una lengua y otra difieren en este aspecto de modo significativo. Pero, según Jakobson siempre podrá explicarse o trasponerse el mensaje sin pérdida de información.
No obstante, reconoce un límite a esta traductibilidad completa: resulta imposible transponer completamente mensajes tales como chistes, sueños o juegos de palabras, porque cualquier perífrasis en castellano desposee a la traducción del valor semántico adicional dado por la semejanza fonética. La frase traduttore, traditore, al trasponerse como “el traductor es un traidor” pierde el sentido adicional otorgado por la paronomasia en italiano, es decir, el hecho de que entre ambos términos sólo hay un fonema de diferencia.
Esto nos sitúa de lleno en la salvedad que Jakobson hace a su principio: la poesía es por definición intraducible. Allí sólo cabe la transposición creadora. Nuestra práctica se sitúa por completo en este plano.
Mariana recordaba el texto de Benjamin de 1923. Allí afirma que la tarea del traductor “consiste en encontrar en la lengua a la que se traduce una actitud que pueda despertar en dicha lengua un eco del original”. Esta idea se sostiene en la premisa de una lengua superior, la lengua de la verdad, a la que puede aspirar el filósofo. No quiero ahora discutir las resonancias que tiene esta idea en nuestra práctica. Pienso al respecto que la verdad con la que tratamos los psicoanalistas es indisociable de la lengua en la que se pronuncia, que es el resultado del diálogo analítico, una suerte de mestizaje lingüístico.
Borges (otra vez) pronuncia en la Universidad de Harvard, curso 1967-1968,  una conferencia con el hermoso título “La música de las palabras y la traducción”. En efecto, la música es el elemento más resistente a la trasposición de un texto de una lengua en otra. ¿Cómo reflejar en la propia lengua, los sentimientos que la musicalidad del texto evoca en la lengua “original”? Allí afirma que “durante toda la Edad Media, la gente no consideraba la traducción en términos de una transposición literal, sino como algo que era recreado: como la labor de un poeta que, habiendo leído una obra, la desarrollaba luego a su ser, según sus fuerzas y las posibilidades hasta entonces conocidas de su lengua”. Y, agrego, a la prosodia y musicalidad que su cultura prescribe, lo más definitorio de una identidad lingüística, lo que nos permite reconocer a los uruguayos, cordobeses o andaluces.
“Por el contrario, la idea de una traducción literal surge con las traducciones de la Biblia…[1]
Sabido es que Freud tradujo tempranamente a Charcot y a Bernheim. El método que utilizaba, según sus propias palabras, era leer un párrafo completo y luego escribirlo tal como lo diría en alemán, es decir, prescindiendo de toda pretensión de literalidad. Coincide en esto con los traductores medievales que Borges evocaba. También es verdad que para él el relato del sueño era un “texto sagrado”, idea que recoge la larga tradición talmúdica de la que era tributario. No obstante bendijo la traducción al castellano de Ballesteros, que, como todos sabemos, se permite muchas licencias poéticas que hacen el encanto de un estilo elegantemente arcaico.
Posteriormente, y en esto Lacan tuvo una influencia decisiva, los estudios psicoanalíticos fortalecieron esa vertiente exegética, por lo que las traducciones perdieron belleza poética en aras de lecturas “a la letra”, que con frecuencia produjeron textos de una pavorosa aridez. Buena parte de la dificultad de lectura de algunos autores proviene de la transcripción de construcciones sintácticas ajenas a la lengua castellana, resultado de un excesivo temor a perder el tesoro conceptual supuesto a los originales.
Es preciso reconocer un fuerte paralelismo entre el encuentro con el prójimo y la experiencia estética. Ella está siempre presente en nuestros vínculos con el otro. Algunas culturas han desarrollado ampliamente la estética del encuentro, el protocolo, el ceremonial. La barbarie globalizada hacia la que avanza precipitadamente Occidente infiltra también esta faceta si se quiere más privada del lazo social. En la vida cotidiana prescindimos cada vez más de las manners, los gestos amables, los pasos de baile de aceptación o rechazo, de proximidad y distancia necesarias para entablar el diálogo. No obstante, el destino del encuentro analítico depende en gran medida del timing en el manejo de esta coreografía intersubjetiva, el arte del diálogo.
La esencia del hecho artístico (sigo aquí a George Steiner) consiste en que la libertad propia del artista de donar o de retener su obra se encuentra con una libertad de recepción o de rechazo. En este terreno es esencial la cortesía, “tacto del corazón” la define, que se constituye así en un  concepto de la fenomenología del encuentro estético. Es preciso ser cortés con la obra y la obra precisa ser cortés con el espectador, con aquel a quien se dirige. Siempre el encuentro con la obra es un encuentro de orden ético, es preciso darle la bienvenida a la obra, no es posible llegar a ella si uno no la recibe. Un ejemplo de bienvenida es la traducción, es la acogida que se le da a una lengua extranjera, los ejercicios de saludo, de reticencia, de comercio entre culturas, de lenguas y de modo de decir. En este sentido el traductor es un perfecto anfitrión. La experiencia de traducción se asimila así a la experiencia de encuentro con la obra de arte.
Esta cortesía lingüística debe expresarse tanto en el plano léxico, como sintáctico y semántico. ¿Qué quiero decir con esto? En el psicoanálisis estamos muy acostumbrados a una falta absoluta de cortesía lexical, hablamos o escribimos con palabras incomprensibles para los demás; estamos acostumbrados a una falta total de cortesía sintáctica, usamos construcciones absolutamente atravesadas, en general resultado de malas traducciones de malas desgrabaciones de conferencias pronunciadas al calor de un debate; también estamos acostumbrados a una descortesía semántica profunda, nunca estamos seguros de lo que decimos cuando decimos lo que decimos. Los conceptos del psicoanálisis a veces dejan de ser operativos conceptualmente para transformarse en sencillas passwords, palabras clave que sirven para reconocerse mutuamente y punto. Se trata pues de una descortesía semántica profunda.
La cuestión de la cortesía entra en sintonía con el que me ocupa desde hace tiempo que es la hospitalidad. Es preciso ser corteses con los extranjeros que nos visitan, con el otro, con la alteridad del otro. El encuentro sólo es posible y productivo si contamos con los recursos para  saber recibirlo y ser recibidos.
A este respecto resulta esclarecedor el pensamiento de Emmanuel Lévinas, que concibe la relación con el otro con una metáfora tajante. El vínculo primordial y decisivo no se da uno junto a otro, sino cara-a-cara. Es frente al rostro del otro, de nuestro próximo -Nebenmensch lo llamaba Freud- que se juega el destino de cada uno.
Ese acceso al rostro es de entrada ético, “la mejor manera de encontrar al otro es la de ni siquiera darse cuenta del color de sus ojos”. Si la relación está dominada por la percepción no hay encuentro, no hay rostro siquiera, hay rasgos, hay cara. La ética del rostro se expresa en la relación de responsabilidad para con el otro. Como la piel del rostro es la que está más desnuda, es la más vulnerable. Entonces el rostro se nos presenta como un mandato, como un mandamiento: no matarás. Es muy difícil matar a alguien mirándole a los ojos, de allí la venda que se le pone a los condenados. Es el rostro del otro lo que nos prohibe matar. Estas ideas son absolutamente coincidentes con la concepción freudiana del origen de la moral en la indefensión originaria, en la identificación con el desvalimiento del otro.
El rostro es pura comunicabilidad, pone en juego la enunciación, independiente de cualquier enunciado. No podemos estar en presencia real del rostro del otro sin vernos impulsados, compelidos a responder, lo que constituye la más elemental significación de la responsabilidad. 
Nuestro trabajo como psicoanalistas, enfrentados cara-a-cara con el sufrimiento del otro y el propio, nos ha hecho llegar a la misma conclusión. Y esto muy a pesar de la clásica disposición de los interlocutores en el diálogo analítico, el diván, que, más allá de las caricaturas, tiene una eficacia tal que con frecuencia nos la hace preferible al frente a frente del diálogo social.
¿Cuál es entonces el fundamento del lazo social? Los hombres no se reúnen por el hecho de pertenecer al género humano. Esa comunidad no es suficiente para prevenir los dispositivos sociales de liquidación del otro como sujeto. Tiempos en que el hombre es cosa para el hombre. Más bien los hombres se reúnen por compartir algún rasgo, encarnado por un líder. Esas formaciones sociales de masa, de grupo, responden a una lógica libidinal muy estudiada.
El problema es que si estoy yo solo con el otro se lo debo todo a él; cara a cara se lo debo todo a él, pero existe el tercero y por eso existe la justicia. La justicia es lo que modera el privilegio del otro. Aunque con más frecuencia de la deseable, ella se pone al servicio de esos dispositivos, estados de excepción que se convierten en norma.
Frente a ellos, la invención freudiana más decisiva para el porvenir del psicoanálisis es la de un nuevo lazo social. La transferencia reúne a dos sujetos que se sujetan a otro dispositivo singular, destinado a posibilitar un encuentro del que ambos salgan transformados. El paciente, aliviado de sus padecimientos neuróticos, habiendo alcanzado un grado mayor de libertad para amar y trabajar. El analista, que como decía Winnicott, le debe la mayor parte de su saber hacer a sus verdaderos maestros, los pacientes.
En otro nivel, la comunidad de analistas, es deudora de ese original lazo social. Si bien las instituciones analíticas no están a resguardo de los peligros de iglesias o ejércitos, estructuras de masas que constituyen la dimensión real del vínculo interhumano, nuestra práctica del inconsciente es la mejor herramienta con la que contamos para tramitar lo traumático del encuentro con el otro. Es por ello que la política psicoanalítica, la que apuesta al porvenir, no es la de las grandes marchas sino la de la multiplicidad de encuentros posibles.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Borges, J.L., "Las versiones homéricas", Discusión, 1932
Borges, J.L., “La música de las palabras y la traducción”
Derrida, J., El lenguaje y las instituciones filosóficas, Paidós, Barcelona, 1995
Derrida, J., El monolingüismo del otro
Ferenczi, S., Confusión de lenguas entre los adultos y el niño, en O.C. Espasa Calpe, Madrid, 1981
Jakobson, R., En torno a los aspectos lingüísticos de la traducción, en Ensayos de lingüística general, Planeta, Barcelona 1985
Lévinas, E., Ética e infinito, Visor, Madrid, 1991
Steiner, G. Presencias reales, Destino, Barcelona, 1991
Steiner, G. Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción





[1] “Pero, si nuestra mentalidad es histórica, creo que quizá podamos imaginar que llegará un día en el que los hombres ya no tengan tan presente la historia como nosotros. Llegará un día en el que a los hombres les importen poco los accidentes y las circunstancias de la belleza; les importará la belleza misma. Puede que ni siquiera les interesen los nombres ni las biografías de los poetas.”

sábado, 24 de mayo de 2014

SINTOMAS DEL CONYUGO

Patricia Factorovich


Este trabajo esta inspirado en preguntas y reflexiones que me  surgieron escuchando a parejas que  consultaron  por problemas en su vínculo, así como por los  relatos de  pacientes sobre los  fracasos en sus vidas amorosas, sus repeticiones sufrimientos etc.
 Este titulo en su primer parte, síntoma, responde al modo  en que Freud y Lacan conceptualizaron la vida erótica.
¿Por qué conyugo?
 Por que la vida amorosa hoy en día esta organizada principalmente en parejas y matrimonios .Vínculos conyugales. Y cónyuge  designa a cualquiera de los miembros de un matrimonio en su relación jurídica con el otro. Cada cónyuge tiene obligaciones y derechos para con el otro de la pareja según lo marca el código civil. Cónyuge viene de conyugo.

  Vamos a conyugo. Del latín el prefijo “con” indica reunión o  acción conjunta. Y el  verbo iugum que indica  “uncir con un yugo” Iug  indica unión, raiz   indoeuropea proveniente del sánscrito.  El yugo es un artefacto de madera que sirve para atar a los bueyes o las mulas entre sí, y a ambos al arado o carro. Estos dos bueyes que tiran del arado forman una yunta. Por extensión yunta se aplica también a otros animales que trabajan unidos y a las personas que de a pares  hacen  las misma tareas juntas.

En el emblema de Fernando II DE Argón y V de Castilla (1452- 1516) quien se casó con Isabel de Castilla había un yugo por que este tiene forma de Y griega que es la primera letra de Isabel y a partir del siglo xv comienza la costumbre cortesana de usar la inicial del otro de la pareja. En el siglo XX el yugo y las felchas eran utilizados por la faslangue española como su símbolo.
Interesante que lo conyugal tenga esa historia y esa etimología. La lengua va sumando efectos de sentido… Pero yugo también tiene la connotación de una carga pesada, así como la cruz de Jesús por ejemplo. ¿Lo pesado es lo que hay que sortear o lo pesado es la yunta?
Las yuntas
Los síntomas del parletre se dan en un lazo social. Nosotros analistas nos la vemos con estos síntomas  que se suceden en las formas sociales provistas por nuestra cultura. Evidentemente estas dos cosas están entrelazadas. ¿Qué es lo variante y que lo invariante de lo que sucede entre los síntomas y las formas de los lazos?
El matrimonio  es una de las formas predominantes  que nos propone la cultura occidental, judeo- cristiana.  Casarse forma parte de los ideales sociales a tal punto que  “ser” soltero puede  hacer diagnóstico de rareza.
Hay otras formas  aceptadas por los usos y costumbres. Tienen sus nombres: amistad,  amistad con derecho a roce, amantazgo,  noviazgo, pareja, concubinato, unión civil. Muchas de ellas son preparatorias de la consumación del matrimonio.
“Hace 8 meses que salimos, no puede dejarme sin hablarme antes”, “corresponde que me llame” “es mi novia no puede desaparecer en el fin de semana,” ya me habla de convivir es demasiado pronto”, o “no me propone nada así al relación no progresa “
Así hablan nuestros pacientes del  amor y el sexo contextuado en estos lazos con su consabida legalidad interna .
Dice Lacan  hombres y mujeres, sitiados por una organización política y especificados por el inconsciente, dice Lacan.
La pareja monogámica es la más extendida si bien no es la única posibilidad. Existe el harem en los países árabes, que es una forma poligámica de sexualidad, o existen pueblos organizados en comunidades y no en familias y habrá otras.
 El matrimonio como lo conocemos hoy  no es eterno porque no es natural. Tiene su historia.
Hasta casi el siglo xIx la razón para los matrimonios era la descendencia y sobre todo asegurar las cuestiones hereditarias  ya que estas eran no eran obligatorias si no a elección.
 Matris munium para el cuidado de la madre. En Roma no era necesario contraer matrimonio para tener sexo o hijos. Los esclavos carecían del derecho a hacerlo. En la Grecia clásica era un contrato privado entre familias. No hay palabra para matrimonio en griego antiguo. “Enqué”  que sería algo así como garantía de caución y además a la mujer  la heredaban sus hijos su marido o sino su familia de origen. En la Edad Media también era una cuestión patrimonial y sucesoria. Otro lugar para los sentimientos.
El matrimonio por amor, como lo conocemos hay estaría fechado en el s XIX coincidente con el amor romántico.  Escribe Irving Singer “el amor es la unicidad con el alter ego, su otra mitad. Un hombre o una mujer que compensará las propias deficiencias, responderá a las inclinaciones más profundas de nuestro ser y se convertirá probablemente en la única persona con la cuál pudiéramos establecer una comunicación total. Este vínculo sería partícipe de un orden social construido sobre la base de relaciones amorosas que nos unirían y a la vez con la naturaleza”
Repito: la conexión entre sexo amor romántico y matrimonio es de inicos del s 19.
Aún hoy  hay distintos tipos de matrimonios: el matrimonio civil o  el religioso (que para el cristianismo es un sacramento, por lo tanto indisoluble;)   Los matrimonios arreglados y no elegidos por amor que en China e India aún hoy son importantes en número. También los matrimonios por conveniencia por ejem. en las monarquías y otros dueños de fortunas que cuidar.

Sobre los síntomas
Freud a quien refiero no por hacer historia sino porque son muy actuales sus observaciones clínicas sobre este tema, escribió muchos textos  sobre los desencuentros entre  los hombres y las mujeres.  Ese desencuentro entonces pasó a formar parte de la normalidad neurótica y lo llamo síntoma.
 Cita  a Von Ehrensfels en “La Moral Sexual Cultural y la Nerviosidad Moderna”  artículo que publica en la revista “PROBLEME” EN 1908.  Von Ehremsfels en 1907 escribe en  su “Sexualethik” que la institución matrimonial  promueve,  una “Doble Moral”  Mientras  se generan mentiras e infidelidades entre los cónyuges, por  el otro lado hay un endiosamiento social de la monogamia que muestra en acto esa doble moral.
¿Y cuales serían esos síntomas conyugales o “parejales”?
Por mencionar algunos en “Las contribuciones a la Vida Erótica” (Tipo Particular de elección de objeto en el hombre 1910- Sobre la degradación de la vida amorosa 1912 Y EL Tabú De la Virginidad 1918) leemos como síntomas del vínculo  matrimonial a los celos, la infidelidad y el hastío.
En el varón la infidelidad o bigamia  tienen su origen en la repetición con sus parejas de las corrientes tierna y sensual que conformaron el amor y el deseo en la etapa edificas. Donde juega el amor no juega tanto el deseo. Lo llama degradación. Aún vigente, es decir, un escuchable clínico. Si nos habla de Edipo y de repetición esta poniendo este síntoma a cuenta de la estructuración subjetiva. Sería Una invariante.
 Pero además dice que  el matrimonio instaura una prohibición respecto de la sexualidad,  porque restringe los objetos posibles de intercambio amoroso a uno solo  y entonces a mayor prohibición mayor escisión Allí el síntoma lo carga  a cuenta del  matrimonio  monogámico.
 Y las mujeres, se cobrarían con sus maridos todos los sufrimientos y privaciones que tuvieron que soportar de su madre, buena razón para el engaño.  O tal vez por despecho con el marido. ¿Envidia fálica o dificultades de la repartija de poderes inherentes al vínculo matrimonial?
 Freud se desliza permanentemente  de  vida amorosa a  vida matrimonial. Lo usa  indistintamente.
Los celos  condición erótica en el varón, a causa de la disposición bisexual. Elegir una mujer de vida fácil, dice. En la mujer podemos leer que son una forma de incluir a la otra.
 Y el hastío…se vincula con el “hasta que la muerte nos separe”. Este es uno de los deberes que los conyugeas firman como obligaciones al casarse.
Otros son: fijar residencia, fidelidad mutua, socorrerse en salud y enfermedad, y además derechos como el sucesorio, bienes gananciales,  y otros. Los síntomas sexuales (impotencia o frigidez) a veces son producto del hastío, es decir de la caída del deseo sexual. ¿Porque vendría el hastío?
 Esther  Perel  una analista  belga  dio en Rosario  una conferencia sobre las dificultades del deseo en las relaciones a largo plazo. Se pregunta    ¿Porque una buena intimidad amorosa  no garantiza buen sexo contrariamente a lo que se piensa?  Creo que su pregunta apunta a las diferencias entre amor y deseo.
 Y sigue ¿Podemos desear lo que ya tenemos? Los analistas lacanianos sabemos que a veces  deseamos lo que no  tenemos, y a la vez no  gozamos de lo que sí tenemos a disposición. Diferencias entre deseo y goce. Ella propone la infidelidad como un estimulante. La seguridad que el amor pide, achata al deseo, nos dice. El deseo necesita espacio, aire, alteridad y el amor pegoteo. Posesión y garantias.
Y las extensas teorizaciones lacanianas sobre los desencuentros se pueden subsumir en el aforismo “No hay relación sexual en el ser hablante”. No hay complementación entre los partenaires de ese  intercambio al que también nombra como comercio y batalla sexual. Además la bipolaridad sexual no es una evidencia, es una diferencia en los goces.
Por todo esto parece difícil articular amor deseo y goce en las parejas.
 El amor nos mete de lleno en el terreno de los equívocos,  las demandas, los intentos de hacer uno de dos. A veces tragedia a veces comedia.
El deseo siempre esquivo.  Ser  la causa del deseo para alguien, ese objeto que no sabemos que somos. El objeto, perdido, intenta recuperarse en la elección de algún partenaire del que se espera esa satisfacción. Y cuando el vacío inevitablemente reaparece es fuente de querellas. Y de distancias.
¿Y los goces? A veces los fantasmas se engarzan y a veces no. Coalescencia fantasmática. Y cuando esta combinación fantasmática, que relanzaba los deseos se rompe….pasa lo peor.
A pesar de las dificultades la gente sigue casándose y emparejándose. Ancore hace nuevos intentos. Pueden ser varios en una vida. Y hasta grupos que no disponían de ese derecho batallan para obtenerlo. Saben que en julio del 2010 se sancionó la ley de matrimonio igualitario que permite el casamiento a personas del mismo sexo.
¿Por qué ese continuado entusiasmo?
 En el entre dos de la pareja es  donde se juega mejor la ilusión de completud. Además el  casamiento, hasta que la muerte nos separe, ilusiona con una garantía, y con la eternidad que es  tan cara al amor dada su condición de contingente. Digo ilusión porque ni bien alguno de los dos empieza a hablar ya se escucha esa disonancia entre lo que se esperaba y lo que se da.
Y esta forma de matrimonio romántico nos ilusiona con encontrar eso. Porque pone el amor en el centro y lo demás, familia descendencia, como dependiendo de esto. Las pasiones, el engrandecimiento narcisitico del partenaire Todas las formas imaginarias de posesión del objeto, de control, de preferencialidad, se ven satisfechas con la propuesta matrimonial Una forma particular de velar el no hay relación sexual.
Estos síntomas no tienen cura. Son de estructura. Son lo invariante.
 Se puede trabajar para desenredar y remitir a cada cual a sus cuestiones. Para deshacer ese atajo que es el pasaje por el compañero para remitirse a lo propio. Para soportar  las diferencias. Y los límites propios y del compañero.
En otras formas de lazo social estos síntomas se presentarían de otras maneras.
 Y  a ese respecto cada pareja puede encontrar sus modos. Eso es lo variante y lo dificil ara los psicoanalistas que los escuchan
 En la película reciente sobre Hanna Harent se muestra como ella comparte escenas con su marido y la amante de este y eso no parece crear ningún inconveniente. Allí la infidelidad  y los celos no son un síntoma por que no generan malestar. Al menos no en la escena pública. De hecho ni siquiera es el tema central de la película. Simplemente se muestra como le servía para chusmear al respecto con su amiga.
 Hay parejas  unidas por un amor fuerte  y sin sexo.  Y  otras donde alguno de los cónyuges  tiene además una relación homosexual. Estas parejas no responden en todo al modelo romántico ni a lo propuesto por el código, civil.  Sin embargo funciona el acuerdo si los fantasmas conbinan.El malestar no se localiza en esos lugares. Los síntomas son otros o tomarán otras formas.
Para terminar.
Lacan  nos enseño a interrogar la cultura, y la época, que es dinámica, cambiante. Por que a veces podemos confundir lo  invariante de la estructuración subjetiva  con los mandatos u ordenamiento que la cultura provee. No escapa ami percepción lo intrincado de estas articulaciones para un espacio tan breve.
Pero preguntarnos  sobre estas  cuestiones pienso que nos puede ayudar  a no naturalizar ciertas cosas. A no confundir estructura con ideología  para poder suspender  con más facilidad  tal vez tanto la moral (es decir los goces de los analistas) como los ideales que la época nos propone.

Patricia Factorovich
Octubre 2013


























































miércoles, 20 de marzo de 2013

ALGUNOS SINTOMAS DEL AMOR EN EL CAPITALISMO Y EL AMOR DE TRANSFERENCIA por Estela Maidac


Malestares del amor en la época del neoliberalismo

 

 

ALGUNOS SINTOMAS DEL AMOR EN EL CAPITALISMO Y EL AMOR DE TRANSFERENCIA

 

                                   Estela Maidac

 

 

Una experiencia amorosa fallida está en los albores de lo que con Freud iba a ser el psicoanálisis.

Josef Breuer, exitoso médico vienés que contaba entre sus pacientes a famosos como Brams, Brucke y Brentano no tuvo dudas de que el amor de Bertha Papenheim se dirigía a él y para frenar su tentación a responder disfrazó la huida con un viaje que emprendió con su esposa Matilde. Envió a su paciente a la clínica de Binswanger para continuar el tratamiento a la usanza de la época en vez de seguir realizando la talking cure propuesta por la paciente, que dio a conocer como Anna O.

Escuchar hablar a sus síntomas, encontrar sus causas y con esto hacerlos desaparecer es lo que transmitió a su joven discípulo, Freud quien transformó esta herencia en el método analítico.

Entonces al comienzo fue el amor, el amor y el verbo anudados en el concepto de transferencia. Amor verdadero pero en una situación artificial y destinado a terminar.

En sus Lecciones introductorias al psicoanálisis Freud dice: “Al comienzo pudimos creer que el análisis tropezaba  con una perturbación provocada por un suceso accidental sin relación ninguna con el tratamiento propiamente dicho; pero cuando vemos reproducirse regularmente, en cada nuevo caso, este amor del enfermo hacia el médico y lo vemos manifestarse incluso en las condiciones más desfavorables…entonces nos vemos obligados a reconocer que se trata de un fenómeno que presenta las más íntimas relaciones con la naturaleza misma del estado patológico.

Este nuevo hecho, que tan a disgusto nos vemos obligados a aceptar, lo designamos con el nombre de “transferencia”. Llegando a afirmar que el descubrimiento de la transferencia ha confirmado definitivamente su convicción de que los síntomas constituyen satisfacciones libidinosas sustitutivas y que quienes no pueden hacer transferencia no pueden ser curados por el psicoanálisis porque: “Los argumentos que no tienen por corolario el hecho de emanar de personas amadas, no ejercen ni han ejercido jamás la menor influencia en la vida de la mayor parte de los humanos”” (1).

Siendo el amor insoslayable, lo incorporó a la cura como motor de la misma.

Freud nos presenta dos tipos de amor, el narcisista, para el que el partenaire encarna al ideal de lo que nos gustaría ser para que nos haga de espejo o lo que hubiéramos querido ser y nos haga de consuelo o lo que esperamos ser y nos haga de zanahoria. Siempre al borde del odio porque el otro nunca encaja en el ideal.

En Pulsiones y sus destinos dice que tomó un término de Bleuler, ambivalencia, en relación a una pulsión y su contrario hacia un mismo objeto y da tres oposiciones del amor: amar vs odiar; amar vs ser amado y el par amar-odiar vs indiferencia. Vemos que hay un entramado entre el amor y la pulsión.

El “amorodio” lo llama Lacan y llega a decir en Aún: “el más grande amor termina en odio”.

En La dirección de la cura, amor, odio e ignorancia son pasiones del ser, o sea, la dimensión de la falta en ser propia de los hablantes pero cuando plantee al final de su obra al inconciente con su cara real, el amor va a provenir ya no de la falta en ser sino de lo real del inconciente y se dirige al modo de cada quien de cohabitar con el inconciente y que no se puede formular en términos de significantes. Lo real propio del inconciente es la no relación sexual de la que el amor es suplencia. 

El otro amor que plantea Freud, es el anaclítico o de apoyatura en las funciones que hacen a la supervivencia. Lacan en el seminario De Otro al otro, donde el a perfora al A y lo descompleta, relaciona este amor anaclítico en el que el Otro tiene para dar, con el mecanismo perverso de poner tapón a la falta del Otro y así tenerlo de garante. El inconciente no tiene que ver con la supervivencia.

Otra cuestión que me parece fundamental en Freud para el tema del amor es su enojo en El malestar en la cultura en relación al mandamiento que ordena: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este mandamiento, incluso es anterior al Cristianismo. En Romanos 13-8-10 dice que quien ama al prójimo ha cumplido con la ley porque no mata, no roba, no comete adulterio, en fin resume a todos los mandamientos.

Freud lo considera injusto con los seres amados porque sería poner a su misma altura a los desconocidos. Dice: “Un amor que no elije pierde una parte de su propio valor, pues comete una injusticia con el objeto. Y además no todos los seres humanos son merecedores de amor” Por otra parte en el mismo texto da su diagnóstico de la condición humana que Lacan cita en La ética al hablar del amor al prójimo diciendo que podría pasar por un texto de Sade: “El hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a expensas de su prójimo, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de inflingirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo”.

Lacan dice que Freud se detiene horrorizado ante este mandamiento porque lo que surge es “esa maldad fundamental que habita en ese prójimo. Pero, por lo tanto, habita en mí…ese núcleo de mi mismo que es el del goce al que no oso aproximarme”. Y más adelante: “el goce de mi prójimo, su goce nocivo, su goce maligno, es lo que se me propone como el verdadero problema para mi amor”.

Lacan en el seminario sobre la transferencia va a llamar a la transferencia “el corazón de nuestra experiencia”, por lo tanto la estrategia  fundamental en la dirección de la cura.

Va a abrevar en el Banquete de Platón la sabiduría socrática que a diferencia de Breuer supo que no era a él sino a Agatón, a quien dirigía Alcibíades su declaración amorosa.

Platón también nos recuerda que para el mito griego el Amor es hijo del Recurso y la Pobreza, o sea, producto del tener y de la falta.

Cierra este seminario dedicado a la transferencia con que: “Lo que Sócrates sabe y el analista debe al menos entrever, es que en el plano de a minúscula (ya está entreviendo la función de lo que va a ser el objeto a) la cuestión es muy distinta de la del acceso a ningún ideal”.

En un trabajo sobre “El amor intellectualis a Dios en Spinoza y el amor en el final del análisis” digo:

“Lacan marca como esencial la diferencia entre dos posiciones: la del amante y la del amado, “erastés” y “erómenos”. Posiciones no simétricas, el analizante busca que el analista sepa y el analista busca que el analizante diga alguna verdad sobre su goce. Ofrecer la escucha abre al decir porque si bien el sujeto supuesto saber es un hecho de estructura, en este caso se instaura y se trabaja en el dispositivo.

En el seminario once Lacan anuda amor y saber. El amor a Dios es el amor al Padre, en cambio en Spinoza el amor a Dios, sin límite y sin reciprocidad, lleva a la imposibilidad de la relación porque no tiene representación. Cuando el hombre no puede imaginarse la causa primera inventa a Dios.

El Amor intectuallis es vaciamiento del Otro a diferencia del amor al Padre que es sacrificial.

La experiencia de eternidad la da el amor a Dios. No es trascendencia sino que está fuera del tiempo cronológico. Amor y conocimiento van juntos y se construyen en el trabajo de cada hombre porque aunque haya eternidad no hay inmortalidad. No se puede esperar el amor de Dios ya que es pura alteridad.”(2)

Al amor de transferencia se le pone en cruz la función del deseo del analista caracterizado por ir más allá de la identificación, punto ideal situado en el Otro desde donde el sujeto se ve amable o lo contrario. Este deseo busca la máxima distancia entre este ideal y el objeto a, punto donde el sujeto es causado como carencia.

El amor al Padre es la neurosis obsesiva, modelo de neurosis, para no ser sacrificial tiene que llegar a la escritura de la falta en el Otro que da por resultado: “Dios es inconciente”, trabajo analítico mediante.

Es este amor más allá de la ley pero no sin ella el que hace condescender el goce al deseo.

Amor sostenido por el agujero deseante, imposible de taponar porque  tiene la castración como condición ya que el amante pone en el amado aquello que  le falta.

El amor no solo arma lazo simbólico imaginario con el otro sino que, repito, hace condescender el goce al deseo.


 

Voy a presentar dos viñetas clínicas que hablan de modalidades del malestar en el amor propias del capitalismo: la violencia desatada por las adicciones en una y de los recursos tecnológicos como condición erótica, en la otra.

Antes algo acerca del discurso capitalista. Lacan afirma en “El saber del psicoanalista”: “Lo que distingue al discurso capitalista es esto: La Verwerfung, el rechazo, el rechazo fuera de todos los campos de lo simbólico, tiene como consecuencia el rechazo de qué?, de la castración. Todo orden,  todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado simplemente las cosas del amor. Dos siglos después de este deslizamiento llamémosle calvinista, la castración hizo finalmente su entrada abrupta  bajo la forma del discurso analítico. ..”

Hay discursos porque no hay relación sexual y son productores de lazo social con diferentes modalidades según qué este ocupando el lugar del agente, el Otro, la producción y la verdad. Los que van a ocupar estos lugares son: los significantes amos o S1, el saber o S2, el objeto a y el sujeto barrado.

Está puesto en cuestión que el capitalista sea un verdadero discurso ya que vamos a ver diferencias fundamentales con los discursos: amo, histérico, universitario y del analista.

Dice Cintia Ini: “Los discursos justamente son respuestas del lazo social  frente a la pérdida de goce efecto de lenguaje ,  son la manera de ordenarse frente a esa imposibilidad de goce sin resto, respondiendo a ella  según el discurso pero, ninguno de ellos es completo, cada uno encuentra el punto de impasse que produce  giro de discurso, componiendo esa trama de  cuatro discursos  necesaria para el lazo social, entonces lazo social o discurso implican barrera al goce, el goce no puede darse sin un rodeo “bajo la escala invertida del deseo” esto es lo que sostiene el lazo y al mismo tiempo impulsa su movimiento.

El plus-de-goce es lo que cae del goce en la constitución del sujeto dividido $ entre S1 y S2, a, es el resto y al mismo tiempo puede tornarse en causa de deseo

Veamos lo que sucede en el así llamado discurso capitalista desde la alteración que su matema  indica .

 

$          S2

_____    ___

S1          a

 

Una simple inversión de letras ( entre S1 y $) rompe el carácter discursivo de esta estructura,  ya que trastoca la secuencia en que  hacían cadena S1 y S2  que de algún modo representan los efectos de lenguaje con su pérdida de goce concomitante, hay una propiedad esencial al discurso, que no se cumple .

Otra de las cuestiones  que se desvirtúa y  pervierte  es  la relación al objeto y a su producción, la misma desbarranca en un desfiladero en que  el objeto se degrada a nivel de mercancía, esto implica un borramiento de  las marcas singulares del objeto,   carcasa vaciada de  marca subjetiva, pura equivalencia.

El sujeto aquí no es producto de su división entre S1 y S2, ni el objeto  resto de esa operación.

Pensaba al objeto de este discurso como pendiendo anómalo de un saber S2 que ha perdido su ligazón con el agente, lo cual anula  la imposibilidad que se da en la línea superior , entre sujeto $ y saber S2 están rotos los lazos,  Desde el vector diagonal que sube de S1 a S2, el saber es comandado por S1 como imperativo en el lugar de la verdad, la única verdad que es la de la necesidad de producir más ganancia, acumulación sin tope, el S1 funciona como rector de esa verdad, y el  saber estaría ligado a  la técnica y la ciencia tomados por el mercado .

La barrera que en todo discurso hay entre verdad y producción y que hace a la impotencia en el piso inferior, queda sin efecto.

Por esta alteración se da entonces una coalescencia entre S1 y a, El S1 se superpone al a,  fetichizándolo. Goce universalizado.” (3)

El discurso capitalista opera en contra del amor porque produce infinitos objetos para el goce de cada quien y esto opera en contra del lazo social. Exacerbar el individualismo genera el borramiento del otro en cuanto tal y lo transforma en un objeto más para la propia satisfacción generando mayor insatisfacción y compulsión al cambio.

No hay un modelo social del amor, los rituales de iniciación casi están perdidos y esto acerca más a lo perverso de la pulsión habilitando un todo vale.

Hay un ejemplo en la historia de la creación de un arte de amar modelo de sublimación que fue el Amor Cortes. La Dama inaccesible era una organización significante que bordea el vacío de la Cosa. Con su poética creían dar las reglas de la no relación sexual cuando ésta en realidad, es de estructura.

En un trabajo sobre la mujer en el tango dije, comparándola con el Amor Cortés que la literatura del tango es una erótica desgraciada en la que se le echa la culpa a la mujer de esta imposibilidad.

La definición que da Freud de la condición humana a principios del siglo pasado, con el neoliberalismo,  es puesta en acto, ya no solo como nudo subjetivo sino desde la estructura social. No digo cultura porque ésta preserva la vida y el accionar de multinacionales valiéndose de la ciencia y de la técnica no la tiene en cuenta en su afán de ganancias.

Finalmente quisiera diferenciar el inconciente de la subjetividad de la época positivada por Jorge Aleman de esta forma: “A diferencia del sujeto moderno, diferenciado en sus fronteras jurídicas, religiosas, institucionales, etc., el sujeto neoliberal se homogeneiza, se unifica como sujeto “emprendedor”, entregado al máximo rendimiento y competencia, como un empresario de sí mismo…a punto de fracasar a cada paso. El stress, el ataque de pánico, la depresión, la “corrosión del carácter”, lo precario, lo líquido y fluido, etc., constituyen  el medio en que el sujeto neoliberal ejerce su propio desconocimiento de sí…”(4) En estos síntomas escuchamos al inconciente y tenemos la posibilidad de operar.

Si Agamben plantea que el hombre actual ha perdido la experiencia, pienso que la experiencia del análisis es recuperarla al estar advertidos del inconciente como verdadero motor de nuestros actos.

La clausura del amor genera violencia porque el objeto no está simbolizado.

 

Viñetas

Una paciente llega al análisis porque siente que vivió una experiencia de la que no logra separarse. Luego de dos años de noviazgo deciden ir a vivir juntos. Al poco tiempo ella propone tener un gatito. El empieza a negarse. Las peleas van en crescendo hasta que ella habla de separarse. Cuando llega esa noche del trabajo él no está en la casa como es habitual. Ella lo espera un tiempo hasta que cansada ya que trabaja hasta muy tarde decide acostarse. La despiertan los golpes que el empieza a propinarle. La arrastra por la casa agarrándola del pelo. Ella siente que va a matarla. Se le sube encima y la golpea. Hasta que en un momento el joven llama a su madre llorando y le dice que ella quiere dejarlo. La muchacha aprovecha para tomar su cartera y salir corriendo. Deja trabado el ascensor, sale corriendo a la calle, logra subir a un taxi y llegar a casa de una amiga. Son las tres de la madrugada.

Al día siguiente su padre la acompaña a hacer la denuncia. El recibe la orden de no acercarse. Ella vuelve a casa de su madre. Su padre vive con otra mujer con la que acaba de tener el segundo hijo. Pasan unos  meses y ella no puede olvidar la escena. No duerme y si lo  hace se despierta con pesadillas. A varios meses de haber comenzado el análisis empieza a hablar de que él se drogaba y tenía la tendencia a no poder parar de discutir. Ella había fumado marihuana cuando estaba en un grupo pero había dejado hace unos años. En el análisis se está encontrando con sus negaciones y que ella participó en el armado de una relación en la que no entraba un tercero, ni aunque fuera un gato, mamífero.

Esa noche pudo haber sido la última de su vida. Una más de las mujeres muertas por la violencia.

Cuando era jovencita mi mamá me amenazaba con que me iba a pasar lo que le pasó a la Penjerec, una joven que fue asesinada. Durante años fue el único caso que podía usar para amenazarme.

El año pasado se registraron 255 femicidios, 6 de cada 10 asesinadas por sus parejas o ex. Habían hecho la denuncia 34 casos. Hemos escuchado hace poco, no sin espanto que una joven contrajo matrimonio con el presunto asesino de su hermana gemela. En vez de arroz, recibieron piedrazos.

Que no trabajemos con estadísticas o generalizaciones no quiere decir que no podamos leer el malestar que produce nuestra civilización.

No podemos no tener en cuenta que una característica de la sociedad capitalista es la violencia de todo tipo expresada entre otras en la explotación laboral y trata para el comercio sexual hasta de niños. Podemos explicarlo sociologicamente por el afán de ganancia pero también se expresa en una violencia por la violencia misma, casi sin ningún objetivo. Como analistas tenemos un concepto para pensarla que es el predominio de la pulsion  de muerte.

 

 

Otra paciente se reencuentra con su primer amor de los quince años quien vive actualmente en el exterior y se dedica al cine. Ella llega al análisis porque luego de varios años de convivencia decide una separación en condiciones muy dolorosas. Casi anoréxica, insomne, con dificultades para ir trabajar siendo éste su único medio de vida y sintiendo que el amor estaba clausurado para ella.

Estuvo diez años recibiendo hermosos regalos a la espera de un hijo que él no quería tener. Ya tenía una hija de un matrimonio que no había disuelto legalmente. Le llevaba quince años a la paciente y ésta fue testigo de varias infidelidades.

A medida que va saliendo del duelo tiene algunos encuentros que no llegan a nada. El rencuentro con este joven que la remite a aquel primer amor que quedó fallido porque tras un breve encuentro, él se quedó con otra, en el viaje de egresados. Ella pone muchas expectativas en este encuentro. El deseo inconciente es indestructible, decía Freud.

El regresa a España. Le propone tener prácticas sexuales a través de la cámara. A los meses regresa y ella espera que lo primero que haga sea llamarla. Pasan los días, la llama, se encuentran muy pocas veces y según las posibilidades de él. Vuelve a partir y otra vez propuestas apasionadas, vía cámara. Al regreso se repite que la llama para decirle que está muy ocupado y solo se ven una vez durante su estadía.

Ella entiende que la propuesta es a la distancia y mediante la cámara, a pura imagen.

Esta vez le llevó seis meses hacer el corte. A los cuarenta años pesa la diferencia de entre diez años y seis meses, sobre todo en sus fantasías de tener un hijo.

Trabajo analítico mediante, apoyada en la transferencia, se empezó a correr de la posición de ser sostén de un padre caído y empezó a dejar de esperar gestos y palabras cariñosas de una madre distante que les retira la palabra por semanas cuando algo le cae mal. A ella la había coagulado en tres significantes: mala, hermosa y brillante, que la condenaban a la soledad, a diferencia de sus hermanos que por ser tontos e inútiles necesitaban más de otros.

Hace casi un año la paciente está embarcada en una relación amorosa de características bastante diferentes a las anteriores. Ha logrado poner algún coto a su padecimiento neurótico.

“El análisis no cura de la neurosis sino que construye un camino para que cada uno identifique los síntomas que lo hacen padecer reduciéndolos a su síntoma irreductible, ese real que cada uno es y con esto reduce el goce en tanto mandato superyoico que condena al sujeto al sufrimiento”. (5) 

 

 

 

 

(1) Obras completas. Traduce. López Ballesteros. T II, Lec XXVII, La transferencia, p.2391

(2) Télema, Ed. Nobuko 2010 Daniel Kordon y Graciela G. Rossi compiladores.

(3) Ini, Cintia, El discurso capitalista, alteración de la lógica discursiva.

(4) Aleman, Jorge, Página Doce, contratapa jueves 14 de marzo de 2013

(5) Toro, Cristina, conversaciones.