miércoles, 11 de mayo de 2016


EL TRAJE  NUEVO DEL EMPERADOR                                           
Luis Vicente Miguelez                                          
4° Reunion del año. El cuento de Andersen: El traje nuevo del emperador Interrogantes sobre el lazo social. Presenta

Hans Christian Andersen
Hace muchos años había un emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.
No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el consejo”, de nuestro hombre se decía: “El emperador está en el vestuario”.
La ciudad en que vivía el emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.
—¡Deben ser vestidos magníficos! —pensó el emperador—. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela—. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.
Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
«Me gustaría saber si avanzan con la tela», pensó el emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.
«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores —pensó el emperador—. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».
El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos.
«¡Dios nos ampare! —pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas—. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.
Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había.
«¡Dios santo! —pensó—. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».
—¿Qué? ¿No dice su excelencia nada del tejido?
—preguntó uno de los tejedores.
—¡Oh, precioso, maravilloso! —respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes—. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al emperador que me ha gustado extraordinariamente.
—Nos da una buena alegría —respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo.
El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al emperador; y así lo hizo.
Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.
Poco después el emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.
—¿Verdad que es una tela bonita? —preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
«Yo no soy tonto —pensó el hombre—, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.
—¡Es digno de admiración! —dijo al emperador.
Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.
—¿Verdad que es admirable? —preguntaron los dos honrados dignatarios—. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos —y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.
«¡Cómo! —pensó el Emperador—. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».
—¡Oh, sí, es muy bonita! —dijo—. Me gusta, la apruebo—. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.
Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el emperador: —¡oh, qué bonito!—, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. —¡Es preciosa, elegantísima estupenda!— corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.
El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.
Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: —¡Por fin, el vestido está listo!
Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:
—Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. —Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.
—¡Sí! —asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.
—¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva —dijeron los dos bribones— para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?
El emperador se quitó sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.
—¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! —exclamaban todos—. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!
—El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle — anunció el maestro de Ceremonias.
—Muy bien, estoy a punto —dijo el Emperador—. ¿Verdad que me sienta bien? — y se volvióse una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.
Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:
—¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!
Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.
—¡Pero si no lleva nada! —exclamó de pronto un niño.
—¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! —dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.
—¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!
—¡Pero si no lleva nada! —gritó, al fin, el pueblo entero.
Aquello inquietó al emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y las ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

INTERROGANTES SOBRE EL LAZO SOCIAL
Luis Vicente Miguelez
Este relato que pertenece al folklore universal cuenta con numerosas versiones. La historia que refiere Andersen toma su argumento de un antiguo relato español recopilado por el infante Don Juan Manuel integrado en El conde Lucanor un libro escrito en el siglo XIV. Desde entonces se han encontrado diversas versiones en distintas lenguas y culturas.
Hay también finales diversos. En unos el emperador fue a buscar a los sastres impostores para castigarlos, en otros se intentó acallar al niño o esconderse ante su desnudez. En el de Andersen, como recién escuchamos, el emperador inquietado por la exclamación del niño sobre que no lleva nada encima continúa desfilando diciéndose “hay que aguantar hasta el fin”. Frase por demás interesante y que abre un primer interrogante. ¿Qué es lo que habría que aguantar hasta el fin?
El relato, a mi modo de ver, toma el tema del desnudamiento, de la revelación situándolo en torno al surgimiento de la verdad. Cuestión que como psicoanalistas no dejamos de interrogar.
Freud se vale de este relato para comentar sobre el disfraz del sueño, lo que en alemán llamó Eingekleidet, función central en la producción de los sueños. Lo que atrajo la atención de Freud fue que en los sueños típicos de desnudez los otros con los que el sujeto desnudo se encontraba no mostraban signos de percibirla. Las personas ante las que el soñante se avergüenza en su sueño que son generalmente indeterminados, muestran completa indiferencia o “como pude percibirlo en un sueño particularmente claro- señala Freud- ponen en su gesto un ceremonioso envaramiento. Esto es sugerente” (S. Freud. Sueños típicos. O.C. tomo IV Amorrortu)
Me detengo acá en cuanto a la interpretación que Freud hace del relato. Solo digo que para Freud el traje mismo en tanto quimera pone en escena la verdad misma del deseo. Su manera peculiar de realización.
Voy a referirles un fragmento de mi clínica. No es precisamente algo de lo que vaya a ufanarme sino por el contrario algo que me hizo ver las dificultades y limitaciones con las que uno, en este caso yo, ya que no quiero eludir mi implicación, se encuentra en relación a las demandas transferenciales. Este episodio que les voy a relatar me llevó a plantearme interrogantes en torno a lo que consideramos abstinencia analítica y su relación con las modalidades que configuran ese lazo social en el que se asienta nuestra labor clínica
Brevemente. Se trata de un hombre de unos cincuenta años que dice que se desprecia a sí mismo. Que se siente una mujer. Que le gustaría ser como esas diosas que ve en la televisión o que conoce en la vida y que sin embargo se encuentra prisionero en un cuerpo que le resulta desagradable. Se siente un verdadero impostor. No cree que pueda seguir ocupándose de su trabajo, es psicólogo, ya que parte de la premisa de que miente, que es un embustero y que eso no le permite valorar sus intervenciones.
Su vida sexual le asquea, ya que le gustaría encontrar el amor de un hombre que lo tratase como a una mujer y solo se encuentra con relaciones homosexuales efímeras donde el placer que obtiene en ellas luego le repele. Su relato no asume un tono depresivo; sí por momentos angustioso y en otros,  lo que se me manifestó como de una desesperación burlesca. Adopta una posición reivindicativa de su condición de sentirse mujer y de tener que enfrentarse a un destino que se le presenta falseado de entrada por haber nacido hombre. También cuenta risueñamente sus vicisitudes transferenciales, de cuanto envidia a esa histérica que le consulta por sus insatisfacciones amorosas, y a la que él quisiera reemplazar en su vida y tener un marido como del que ella se queja.
Por otra parte critica sus tratamientos anteriores que no pudieron hacer nada para ayudarlo. No espera mucho del que está comenzando pero le  gustaría resolver sus cuestiones en relación al trabajo.
Así transcurren unas cuantas sesiones en el que se va creando un vínculo transferencial positivo. Hay de parte suya una mejor predisposición con respecto al análisis y va desplegando la historia de su vida, en la que predomina el desprecio y el rechazo de un padre que no lo registra y una madre que en su lecho de muerte le confiesa que él lo asquea. También va refiriéndose a las mujeres con las que se identifica y la admiración por lo que considera histeria femenina.
Todo parece predecir que podremos continuar trabajando ese material y avanzar en relación a sus preocupaciones actuales laborales y amorosas.
Pero como no puede ser de otra manera, casi escribo el diablo metió la cola, la transferencia se nos vino encima.
En una sesión luego de un relato relativo a su angustia por sentirse un impostor. Me interpela directamente, me pregunta bastante exasperado si yo lo veo como una mujer. Insiste ante mi silencio y me encuentro respondiéndole que no, que no puedo, que veo un hombre sentado frente a mí que se siente mujer. Su enojo se manifiesta inmediatamente. Si yo no lo veo como mujer él no puede analizarse conmigo. Le digo que tal vez esa sea una limitación mía, que puedo reconocer que él se sienta mujer pero que no puedo ver lo que me pide que vea. Enojado apela a que no considero  entonces que los géneros no tienen por qué referirse a la anatomía.
Me encuentro pensando en la frase que Freud parafrasea de Napoleón sobre que la anatomía es el destino y siento que ya la cosa no se resuelve bien. Que si bien es el destino, es evidente que no es el horizonte insuperable donde viene a jugarse la subjetividad sexuada.
Pensé luego- ya en la soledad del consultorio-, que mi respuesta fue similar a la exclamación del niño El emperador está desnudo. No sostuve la ficción que exigía de mí el negar mi percepción. Entonces me dije, tal vez la renegación  forme parte indisoluble del lazo social. ¿Había que permanecer en silencio u ofrecerle el amor de una mirada que sostuviera, al menos por un tiempo, su deseo? Y esa tensión entre lo percibido y lo requerido, ¿será algo que tenemos que aguantar hasta el fin?
“Si, en efecto, el rey está desnudo, solo lo está bajo una cierta cantidad de vestimentas- ficticias sin duda, pero sin embargo esenciales a su desnudez. Y en relación a esas vestimentas, su desnudez misma, nunca podría ser suficientemente desnuda. Después de todo, se puede despellejar al rey tanto como a la bailarina”. (J. Lacan. El Seminario. Libro 7. La ética del psicoanálisis. Paidos)
Estas palabras de Lacan introducen efectivamente la cuestión de que nadie está desnudo ni aún desnudo. Muchos trajes simbólicos recubren la desnudez.
Ahora bien Lacan también dice que habría que tener el descaro monstruo del niño para quien el Emperador está desnudo para hacer la observación correspondiente, único sésamo sin embargo que permitiría abrirse a una conversación.  (J. Lacan. Situación del psicoanálisis y formación del psicoanalista. Escritos1 Siglo XXl)
Entiendo que el Emperador y el Niño son dos figuras de la tensión irremediable que genera lo Real en cuanto se manifiesta. Por un lado la veladura que nos conduce al modo en que el lazo social hace comunidad, que reconoce en la ficción el valor de entretejido, de trama que alivia la angustia frente a la castración del Otro y de uno mismo y por otro la verdad desnuda que reclama que ahí no hay nada y que cuál sésamo se abre a la palabra.
Será pues que vivimos entre  un Ojos que no ven…. y un Corazón que no siente en tensión perpetua. O que debemos aguantar hasta el fin ese espejismo que nos hace admirar o envidiar al Otro en su disfraz espectacular para no sentirnos nosotros desnudos. O tal vez nadie esté verdaderamente desnudo sino en tanto muerto.

Buenos Aires, mayo de 2016

martes, 15 de diciembre de 2015

¿No hay goce sino del cuerpo?
                                                                                       Marìa Teresa Ferrari                         


La enseñanza de Lacan  nos lleva a articular cuerpo-goce en una relación de implicación y corte. No habría goce sin cuerpo. Pero sòlo  si hay un parletre que en su decir  lo corporiza de forma significante.  Sòlo si se ha efectuado la expulsión de goce necesaria para constituirlo, lo que le permite la posibilidad de perder/encontrar algún objeto-tal como nos lo muestra la experiencia del fort-da. No habrá cuerpo sin las operaciones primarias de auftossung, behajung, que irán construyendo un campo de apropiación de lo placiente y de expulsión de lo displaciente.
Este cuerpo-que después advendrà sexuado-se va  constituyendo  ya desde la primera identificación . Esa que Freud define como de amor al padre.
La primera incorporación de la “esencia ausente” del cuerpo del padre, es la  incorporación de su potencia nominante. Las palabras nos “pegan “ y hacen de un soma, cuerpo .Esta  potencia nominante solo puede  transmitirse  desde el decir de algún Otro primordial, que habla, mira, acaricia, desde el vacio ardiente de su propia falta, empujando con esto a gozar, a constituirse corporalmente
Esta primera identificación harà posible la inscripción del rasgo unario , que se anudarà  con el acontecimiento  de la apropiación  de su guestalt especular, no sin el asentimiento del Otro. …,En   un tercer tiempo advendrán las identificaciones necesarias para la definición sexuada: se será hombre, o mujer ,portando en el cuerpo y sus vestimentas los atributos necesarios que hacen a esta decisión Esto dentro del destino neurótico.. Diferente será el campo de la perversión donde queda abolido el lazo amoroso en perjuicio del despliegue de la escena de goce -que tiene como condición la angustia-divisiòn subjetiva del lado del partenaire. En el campo de las psicosis también quedarà la decisión sexuada marcada por la imposiblidad del funcionamiento de la metáfora paterna, dadora de sentido a través de la significación fàlica.
Si hay neurosis se irán articulando los diferentes  modalidades gozantes  del pequeño a con la significación fálica- clave de toda significancia-, vacíos que permitirán la secuencia de la metonimia deseante, y que perfilaran la puesta en marcha del circuito gozante, causado por el plus de gozar, como la promesa de un goce.  Asì la pulsión es  la resonancia  en el cuerpo- en sus vacíos, orificios-de un decir… Hay goce sexual porque somos hablantes. El lenguaje, con su propia hiancia , nos marca en el cuerpo.   Somos corporales, quedando anudados cuerpo goce en nuestro decir y en el despliegue ficcional de nuestra  escena en el mundo.
Si un analizante produce una demanda de análisis es porque inevitablemente, traido por su síntoma, acude a Otro que  pueda  allí semblantear en el artificio transferencial , cierto  reconocimiento ¿.Quien eres tu, como gozas, que se te vuelve imperioso para ex - sistir?  Se pregunta todo neurótico armando ese Otro supuesto que sabría. Porque en el desdoblamiento que la castración produce- si es que hubo cuerpo y hubo neurosis- el parletre con su lalangue habla desde eso otro que es- desconociéndolo. No queriendo saber nada de ello..
No hay experiencia analítica  sin presencia del analista .Lacan ha señalado  que esta presencia- que es corporal- es la puesta en acto de la realidad sexual del inconciente.  .Por eso hace falta la presencia del analista prestando su cuerpo para encarnar la voz, la mirada, el objeto oral o anal, que se pasarà a  deglutir, escupir, retener o expulsar, en la experiencia, que es también de goce. Pero imposible sin amor.
¿Qué produce la experiencia analítica con el goce que el analizante viene a desplegar en transferencia? ¿ Lo domestica?,¿ lo acota? ¿lo re-orienta?  Lo prohíbe? El goce librado a su propio empuje no tiene limite, nada hay que lo satisfaga si no queda anudado al deseo y al amor.. Cada parletre  tendrá que   convivir  con eso que se le impone, encontrando un savoir y faire , que no tiene que ver tanto con un “saber”, sino con la puesta en acto de una verdad: Eso te concierne . Llegar a ubicar la inexistencia del Otro-supuesta “causa” de todo padecer neurótico-, hará posible la responsabilidad por el  goce que nos habita. .Advenimiento de ese tiempo de subjetivación del circuito pulsional donde advertimos hasta què punto nos hacemos hacer-  nuestra demanda dirigida al otro/Otro que intenta sostener con èl la escena de goce que nos sostiene , que nos hace falta inexorablemente para estar allì.. Y en este advertir, la posibilidad de hacernos responsables  del  el goce que nos concierne.
No hay abordaje posible del goce sin el lazo que puede armar el amor. No podríamos sostener ningún trabajo  con el goce sin la mediación del amor de transferencia. También en la experiencia analítica, el amor es lo que permitirá al deseo condescender a algún goce. Sin ello, la obscenidad  mostrativa del goce, y su empuje a la infinitud, impediría todo decir y  toda escritura .
Cercar eso que goza, , que es lo ajeno y a   la vez lo màs propio, no es tarea simple.…Discernir hasta qué punto esa escena privada donde cierto goce se vuelve indispensable, pese a lo repudiado, constituye lo más irreductible del síntoma
En un analizante lo irrenunciable eran sus ingestas nocturnas, sus ataques de voracidad , que ponían en jaque todo intento de régimen, de estabilidad en un peso posible .Durante las sesiones debía concurrir siempre al baño. ¿Era lo  incontenible de la aspiración a un todo fusional , a un pleno de goce, lo que lo  llevaba a no poder terminar de vaciar lo que había que vaciar para causar su deseo.?. En un momento pudo comenzar a hablar de su apatía, su desinterés por las cosas, su impotencia, la necesidad de dejar de funcionar puramente en función de la demanda del Otro.. De mostrar en acto  la imposibilidad de vaciar , a poder hablar de su falta de deseo ,Momento fecundo donde   decir promete la contingencia de alguna escritura.  Que algo cese de no escribirse., para producir  un  cambio en esta posición gozante. No sin estar sostenido por el amor de transferencia…Lo  que le permite ahora  cercar con palabras alguna verdad respecto de aquello que le concierne en términos de goce, tanto en  lo que lo excede como en lo que le hace falta,.. Dejar de responder a la demanda voraz que situaba en sus propios hijos, que era la condición fantasmàtica de hacerse padre .Se escuchaba un exceso allì, en responder a lo que su` propio padre no había podido, que  lo dejaba exhausto y vacío, porque  nunca alcanzaba lo que podía dar…
Los análisis no son experiencias “intelectuales”, sino  que ponen en juego lo pasional-pulsional  de cada quien. Cuando Lacan introduce su neologismo lalangue, trata de terminar de romper con la escisión alma-cuerpo.Lo que decimos, lo que escuchamos lo que escrituramos en un análisis  nos toca en el cuerpo. Por esto, en la Tercera, Lacan propondrà que la angustia tiene que ver con registrar que somos corporales. Que nos reducimos a ser un cuerpo. Cuerpo sexuado, cuerpo amenazado por la castración y por la finitud,y a la vez “sustancia gozante”.
 Què otros destinos para el cuerpo gozante se abren cuando se transitan fuera de la experiencia analítica? Cuando no hay una pregunta que intente cernir alguna verdad sobre la responsabilidad subjetiva  en esto que pasa?
Me gustaría abrir ciertas preguntas que trae el último film de Woody Allen, “El hombre irracional”.El personaje central es  Abe, un profesor de filosofía que siente haber tocado fondo, y que se acompaña todo el tiempo de una petaquita de whisky para adormecer su profundo hastìo de vivir. Està inhibido, no puede escribir un libro ni tampoco tener sexo con una mujer.Se encuentra de visita como docente invitado por una Universidad en un curso de verano .Allì conoce dos mujeres, una colega-que rápidamente se enamora de èl y busca seducirlo- y una alumna, con quien comienza a transitar los senderos de una amistad .Se impone ese lìmite de ser sòlo amigos, aunque la muchacha parece querer algo màs.Lo detiene  el hecho de que se trata de una alumna, y de que tiene novio. No obstante, no se priva de seducirla a partir del relato de su vida colmada de pèrdidas, la muerte de su madre a los 12, la mujer que lo deja por su mejor amigo, un amigo muerto al pisar una mina en Irak.Se presenta como la vìctima de un mundo sòrdido que no ha dejado de lastimarlo .Por eso toma de màs..
Un hecho fortuito, escuchar en un bar las tribulaciones de una mujer a quien un juez venal parece dispuesto a quitarle la tenencia de sus hijos, produce un viraje en su existencia opaca y alcoholizada. Cuando escucha decir que la mujer le desea al juez un cáncer, se le impone una frase que lo turba, lo marea y le genera un estallido de sensaciones corporales :no basta con desear que se muera, tienes que actuar en esa dirección…
Logra salir de esta turbaciòn cuando decide matar al juez en cuestión, como manera de aplastar a esta cucaracha que tanta desdicha le causa a esta pobre mujer .Planifica el crimen perfecto, nadie podrá sospechar de èl por carecer en absoluto de razones para el crimen, en poco tiempo se irà del lugar , y habrá hecho entonces su pequeñísimo aporte de librar a la humanidad de estos “¿padres”? gozadores y terribles…
Esta  decisión le genera un cambio significativo, se le despierta un goce por las cosas de la vida, vuelve a tener apetito, se siente pleno, puede tener sexo con la colega docente. Finalmente consuma el asesinato, sustituyendo el vaso de jugo que el juez se tomaba en su training sabatino por otro contaminado con cianuro. Veneno que había obtenido del laboratorio de la Universidad, dejando dos testigos, la  amante a la que le había sustraído la llave para entrar al lugar, y una alumna con quien se cruza en plena acción de robarse el veneno..
La consumación del crimen le hace franquear otra barrera, le propone festejar la muerte del juez venal a la alumna, aquella con quien había sido testigo de la confesiòn de la madre atribulada .Ella  se muestra dividida por el acontecimiento, le genera culpa festejar la muerte de ese “padre malvado”. No obstante a partir de este encuentro se  abre la barrera que lo detenía a tener sexo con ella y pasa al acto de convertirla en amante.
                Abe ha encontrado un sentido para su vida en este  sacar del mundo a un padre aborrecible,lo empuja el goce parricida.. Deja de jugar a matarse para pasar al acto de matar, matar a un padre .Los hechos se precipitan, Abe vive en el mundo de los hablantes donde no puede dejar de hablar y de dar cuentas ante los otros de sus actos. .Finalmente las dos  amantes terminan  descubriendo su implicación en el asesinato. Todo se precipita cuando la policía inculpa por el crimen a un inocente .La alumna lo amenaza con denunciarlo si èl mismo no se involucra y dice la verdad.. Un crimen lleva a otro crimen, porque no hay crimen perfecto .Pero esta vez Abe fracasa, no logra acallar a la muchacha matándola,y se mata… Su posición melancólica lo lleva a fracasar, dominado como està por su entrampamiento en el goce masoquista, del que sale muy fallidamente con su asesinato .Porque no se priva de dejar  pruebas para quedar inculpado…No le alcanza para ex -sistir el goce parricida, porque lo empuja a seguir dentro de la lógica de matar o morir. Ha quedado enredado dentro de los excesos trágicos de ese mandato que lo empuja : Goza!!!!!.
                Por el contrario, la alumna  neurótica ha logrado salir del hechizo que le hacìa confundir  complicidad de goce con amor, y sostenida por el amor de su novio, logra salvar su vida .
                Lo que revela que no es posible la existencia sin este acotamiento que el amor produce  en el goce parricida , goce que para su satisfacciòn   plena no puede sino multiplicar los asesinatos, esto de que el crimen lleva al crimen. Por algo en el mito freudiano de Totem y tabu, los hermanos deben producir su pacto de acotamiento de goce para impedir que el crimen parricida retorne.
El neurótico común, a diferencia del héroe trágico, del perverso, del melancólico o del psicótico  logra tramitar la prohibición de estos goces – tanto el parricida como el incestuoso- pagando el precio de sus síntomas. Que lo aquejan dividèndolo, que lo perturban con la culpa, la deuda, la duda, la ambigüedad..Pero que con esto presevan su posibilidad de ex -sistir, adviniendo a los pequeños goces privados que nunca lo complacen del todo, pero que le van haciendo la vida ciertamente màs amable que la de nuestro perturbado personaje de ficción.
El cuerpo del neurótico padece sus síntomas , que lo previenen  con el horror al acto –ese al cual conduce el empuje   a gozar .Acto que produce otra nominación, y que puede también ser pasaje al acto, caída para siempre de la escena…
Este horror al acto es siempre un horror a la puesta en juego de este hacer que será siempre corporal. Todo asesinato, todo crimen requiere de un hacer significante donde se pone en escena el cuerpo .No sin el cuerpo, aùn en el caso de que sea por encargo,  se está  allì habitando el cuerpo del sicario, con la mirada, con la voz, con la imaginación, con el deseo..
¿Es en este sentido que debemos sostener la premisa lacaniana de que no hay goce sino del cuerpo? ¿Es porque no es posible prescindir del nudo significante –goce que debe quedar encarnado en el cuerpo de alguien? Porque la tradicional división entre un cuerpo y un alma, que depara para el alma la inmortalidad , condenando al cuerpo a la decrepitud y la perentoriedad, queda puesta en cuestión en esta discursividad, que, ya desde  Freud se  escritura con este concepto lìmite que es el de pulsión, .Que màs que un concepto lìmite,  le pone un lìmite a esta maniquea división alma-cuerpo .Somos corporales, hablamos con el cuerpo y en nuestro cuerpo bañado por el lenguaje resuenan los decires que portan las verdades que nos conciernen.
Tanto las ficciones literarias o cinematográficas, como en  el decir de nuestros analizantes es posible una lectura y una escritura de esto que se dice y esto que se hace.Y que no es sin el cuerpo.






miércoles, 17 de junio de 2015

Escrito en el cuerpo : La  colonia  penitenciaria                        Monika Arredondo                                                                                        

En octubre de 1914, Kafka le pidiò al instituto de Seguros donde trabajaba un permiso de una semana para terminar algunos textos que tenìa entre manos. Tuvo vacaciones entre el 5 y el 11 de octubre pero pidiò una prorroga hasta el dìa 18 de ese mes. Algún tiempo màs tarde , el 31 de diciembre del mismo año , escribe en su diario…” Desde agosto he trabajado , en general, no poco y no mal, pero ni en el primer aspecto ni en el segundo lo he hecho hasta los lìmites de mi capacidad …terminados solo estàn , En la Colonia Penitenciaria , y un capìtulo de El desaparecido ambos durante el permiso de catorce dìas . No se porque hago este recuento, no va conmigo”
El 20 de noviembre se lo lee a Max Brod su interlocutor privilegiado . y el 2 de diciembre de 1914 el autor anota…” les he leido En la Colonia , no descontento del todo , exceptuando los errores , clarìsimos , indelebles. “
Sin el texto publicado aùn Kaffka se decide a ofrecerlo en una lectura pùblica en la Galerìa Hans Gotltz de Munich, el 10 de noviembre de 1916. La lectura despierta una enorme perplejidad entre el pùblico, y tres damas deben ser asisitidas por desvanecimiento debido al impacto de las escenas mas escabrosas de la narración segùn Joachim Unsfeld en “Kaffka una vida de escritor”
De esta accidentada lectura pùblica la ùnica que Kaffka realiza fuera de Praga , en toda su vida se escriben varias reseñas .Le escribe a Felice Bauer el 7 de diciembre de 1916…” Me preguntas  por las crìticas de la lectura . Hasta el momento solo he recibido una mas del Munchener Neuslen Nachritchen del 11 de noviembre y la del Munchener Zeitung el 12 de noviembre que es algo mas amistosa que la primera , pero dado que està de acuerdo con esta en lo fundamental, la mayor benevolencia en el tono no hace sino reforzar de hecho el grandioso fracaso de todo el asunto ya ni me tomo la molestia de procurarme las otras reseñas…”
Finalmente y luego de algunos cabildeos Kaffka acepta la invitaciòn de Kart Wolf para ser publicada en una colección de Temas Fantàsticos. La primera y ùnica ediciòn del relato apareciò a finales de octubre de 1919 con una tirada de 1000 ejemplares.
Escribe Elìas Cannetti en la “Conciencia de las palabras” …Volviò de Munich con nuevos ànimos considerando lo que escribe a Felice…” la lectura resultò un fracaso , habìa llegado con mi cuento a guisa de vehiculo a una ciudad, que aparte de ser un lugar de encuentros y recuerdos desconsoladores de mi juventud, no me interesaba en absoluto , leì mi sòrdido relato con la mas completa indiferencia, la boca de un horno vacìo no hubiera sido mas frìo y luego que aquí me ocurre muy raras veces , estuve en compañìa de personas extrañas…”  Las crìticas fueron negativas y el mismo les diò la razòn . arguyendo que habìa sido un acto de “fantastica presunciòn” por su parte leer en pùblico después de no haber escrito absolutamente nada durante dos años.
Pero fue precisamente esta presunciòn , la presentaciòn en pùblico , el hecho de que se pronuciaran juicios negativos , la derrota y la grandiosidad del fracaso en medio de gente desconocida, ademas de un nuevo distanciamiento con Felice  lo que lo precipita nuevamente en la escritura.
Síntesis del relato
La narración nos habla de una colonia de castigo situada en una isla a la que un viajero acude en misiòn exploradora desde un exterior no precisado . la màquina de tortura que se narra es en verdad repugnante, posiblemente l aparato mas complejo y desagradable de todos cuantos Kaffka imaginara.  Ademàs de la descripción de la màquina de tortura , la narración cuenta la evolución que se ha producido en esa colonia en los ùltimos años : el oficial coprotagonista del relato añora unos tiempos pasados , gloriosos, en los que la autoridad , del “antiguo comandante quedaba fuera de duda , en la que las torturas eran presenciadas por una multitud tan severa en cuanto entusiasta, y en el que la màquina misma cumplia sus funciones a la perfección. En el presente de la narración , el orden politico militar   de la colonia aparece corrompido , la población ya no acude en masa a las ceremonias expiatorias y la màquina misma se encuentra en un visible estado de deterioro y abandono . En medio de esta situación , y como rama argumental secundaria , el oficial le sugiere al viajero que lo apoye en una conspiraciòn contra el orden establecido en la colonia algo a lo que el viajero se niega . El oficial viendo frustado su plan de restaurar un antiguo règimen en el cual la màquina vuelva a ser la protagonista , sustituye al condenado en el lecho de tortura y muere junto con la màquina. El viajero tras una visita a la casa de te del lugar donde se encuentra la tumba del viejo comandante , sube a su barca y se aleja de la isla.
Escribir en el cuerpo
Barthès analiza dos formas de escritura el ethos de Oriente y el de Occidente..” .La escritura occidental prefiere la hendidura , la incisión la marca . el contrato y la memoria ; la escritura oriental es básicamente ideogràfica es una descripción  un dibujo . Similar a el papel , el pergamino o la tela , la piel no ofrece resistencia .Cuerpo y texto contienen una gramàtica , el intercambio entre los gramma y los fluidos , la circulación de lo que informa . pero nada es tan comunicativo como lo que se esconde bajo la piel .” Eros y lenguaje forman un engranaje continuo. La lengua puede ser evanescente , la escritura no lo es , la escritura  fija la esencia fugitiva del lenguaje… “.
Lo escrito  en La Colonia esta asociada a la estètica de un ritual , no queda claro en la descripción de los dibujos del comandante que es mas importante si aquello que enuncia o sea la sentencia o lo que rodea al enunciado . Hay una meticulosidad monstruosa en los dibujos que rodean al texto , se podrìa pensar en una articulación de ambas escrituras (la hendidura y el dibujo). Se privilegia el trabajo  de las agujas , agujas que estan siendo direccionadas por el  diseñador , importa mas la forma del trazado , los ideogramas que rodean las palabras mas que el texto. La maquina juega un papel esencial representa en estado vivo el arrasamiento del cuerpo por la mecànica de la letra , el dibujo y el signo.
Texto…La rastra dijo el oficial , “ un nombre muy apropiado” . Las agujas estàn dispuestas como en una rastra y el conjunto se maneja tambièn como una rastra, aunque en un lugar concreto y con mucho mas arte . La rastra empieza a escribir ; cuando termina el primer esbozo de la inscripción sobre la espalda del hombre , la capa de guata rueda y hace girar lentamente el cuerpo hacia un lado para ofrecer mas espacio a la rastra . Entretanto , las zonas ya heridas por la escritura entran en contacto con la guata , que gracias a su preparación especial detiene de inmediato la hemorragia y prepara la piel para una nueva insiciòn mas profunda…En la sexta hora el hombre empieza simplemente a descifrar la inscripción ,aguza la boca como si estuviera a la escucha. Ya viò Ud que no es fácil descifrar la escritura con los ojos ; pero nuestro hombre la descifra con sus heridas...” es a la rastra a la que se le encomienda la ejecución real de la sentencia , la forma de la rastra se correspode con la del cuerpo humano , a la cabeza solo se destina un pequeño punzòn  …Para permitir a todo el mundo controlar la ejecución de la sentencia , la rastra se hizo de cristal y ahora cualquiera puede ver , a traves del cristal , como se va grabando la inscripción en el cuerpo…”

Es lo que rodea la  escritura lo que ocupa gran parte del cuerpo del condenado .  Para Roland Barthes una escritura no necesita ser legible para ser plenamente una escritura . Se puede inferir que precisamente en el momento en que el significante se desprende de todo significado y suelta vigorosamente la coartada referencial, el texto aparece. Es el texto hecho cuerpo En el cuento el significado se identifica con su marca .
Los ideogramas que rodean la sentencia se convierten en un haz de signos y de dibujos proyectados al abismo , no estàn dibujados sobre una presencia ,ellos mismo son presencia y eluden la tentaciòn de proponerse como lenguaje , ese sistema de marcas nos regresa al mundo de las cosas . de la significación : son rayas, incisiones grabadas sin un sentido preciso que operan por abstracciòn . El espacio de la escritura de la sentencia es confuso perturbado , el adorno-ornamento cubre por completo la hoja , las palabra son infimas , la sentencia es apenas visible . No importa su lectura , la sanciòn existe por la cantidad y calidad de sufrimiento.
Texto…Al condenado se le escribe en el cuerpo con la rastra ,  la orden que ha incumplido. Yo aun sigo utilizando los dibujos del anterior comandante , son lo mas preciado que poseo..El viajero solo vio unas lìneas laberìnticas que se entrecruzaban repetidas veces y cubrìan el papel tan densamente que solo con gran esfuerzo podìan distinguirse los intersicios blancos que las separaban …dice el oficial : No puede ser una inscripción sencilla ; no debe matar de inmediato , sino al cabo  de unas doce horas por tèrmino medio , son muchos los ornamentos que deben rodear la inscripción propiamente dicha ; la verdadera inscripción solo ocupa una angosta franja en torno al cuerpo , el resto se destina a ornamentos...”
Y cual es la ley que està implicita en la sentencia? Que ley se maneja en la Colonia’?  Es una ley a medida de aquel que esta a cargo de la Comandancia. No admite interpretaciones . La sentencia està para cumplirla …La culpa esta siempre fuera de duda ese es el principio por el cual se rige el oficial
Como comentaba Jaime Plager  en su presentaciòn , existe una notoria asimetría en el concepto ”justicia” en la narrativa de Kafka la sanciòn no coincide con lo hecho por el soldado. Cuenta el oficial…un capitàn ha presentado esta mañana la denuncia de que este hombre , que le ha sido asignado como asistente  y duerme ante su puerta, se habia dormido durante el servicio. Su  deber era levantarse cada vez que sonara la hora y saludar militarmente ante la puerta del capitan. ..Anoche el capitàn quiso comprobar si el asistente cumplìa con su obligación . Cuando dieron las dos abriò la puerta y lo encontrò durmiendo acurrucado . Tomo la fusta y le diò con ella en la cara . Pero en vez de levantarse y pedir perdòn , el hombre aferrò a su superior por las piernas, lo zaradeò y le dijo “Tira ese làtigo o te comerè vivo” estos son los hechos , yo tome nota de la denuncia y pronuncie la sentencia…” HONRARAS A TUS SUPERIORES .
El oficial y la maquina son los encargados de ejecutar La Ley.  Ley que no se discute, se obedece y se rememora en una cruzada imposible mas alla de los cambiios polìticos ocurridos en La Colonia . El oficial es un celoso y ùnico herdero del procedimiento.. En realidad es mucho mas que un procedimiento es utilizar un cuerpo para instalar la memoria. La marca , todo el mecanismo es sinònimo de maquinìco , es opuesto a la circulación de la palabra . Podemos pensar que es una màquina que escribe y que sanciona sin las debilidades o equivocaciones de los hombres. Toma un cuerpo para vampirizarlo y lo convierte en un rulemán imprescindible que le otorga sentido.
Deleuze nos habla de coordenadas amorosas presentes en esta maquinaria, coordenadas edìpicas entre el viejo comandante y su heredero. Este artefacto  trasciende , y vampiriza cualquier aspecto de lo humano y se destruye junto a su amoroso cuidador , ùnico garante de su existencia. Vayamos al texto y a su descripción:
…” Esta compuesta de tres partes o tres sobrenombres populares . La base se llama “cama” , que està cubierta por una capa de guata donde se coloca a la condenado desnudo boca abajo, la parte intermedia de la màquina permanece oscilante sobre una cinta de acero y se llama “rastrillo” porque la agujas estàn ordenadas precisamente como un rastrillo y realizan un movimiento semejante a  este. Hay dos tipos de aguja dispuestas de muchas maneras . cada aguja larga tiene a su lado una corta . la larga escribe mientras la corta va echando agua para lavar la sangre y mantener siempre claro lo escrito. El  agua ensangrentada es conducida por pequeños canales hasta desembocar en un tubo de desague que va a dar a la fosa  ; por ultimo el diseñador que es la parte alta de la màquina y es la que recibe la pàgina escrita es decir la sentencia , funciona con electricidad propia y  es el engranaje que maneja el movimiento del rastrillo y se regula por el dibujo que està escrito en la sentencia …”
En cuanto a lo que se escribe “ la sentencia”  Deleuze nos habla de una multiplicidad rizòmatica resultado de la producción del inconciente , escritura ilegible de trazos que se cruzan entre si , innumerablemente, rizoma dentro de otros rizoma…
Esta sociedad disciplinaria se identifica por una tecnología de marcas y heridas, es el cuerpo el elegido para la escritura y el deshecho . En el caso del condenado “Honra a tus superiores “ imperativo categòrico que sera escrito en ese cuerpo ,  ejercicio del poder dejando su señal sobre los cuerpos . El lenguaje se utiliza para obedecer y hacer que se obedezca . la màquina descrita por Kaffka solo funciona estropeàndose . Destruye al inconciente lo raspa , lo lava ,lo barra  y lo vuelve intransmitible.
Deleuze y Guattari se refieren a la crueldad del procedimiento…”La crueldad es el movimiento de la cultura que se opera sobre los cuerpos y se inscribe sobre ellos labrandolos. La muerte el castigo los suplicios son producciones  y hay algo del deseo que los atraviesa . A los hombres o a  sus organos  los convierte en las piezas y engranajes de la maquina social. Y si queremos llamar “escritura” a esta inscripción en plena carne , entonces es preciso decir en efecto que el habla supone la escritura , y que este sistema cruel de signos inscriptos , es lo que proporcionaria la memoria de las palabras …”
En la Colonia  se presenta a la Ley como pura forma vacìa y sin contenido , cuyo objeto permanece irreconocible , la Ley no puede entonces enunciarse sin una sentencia y la sentencia no puede ser aprehendida sin un cuerpo .Nadie conoce el cuerpo de la Ley , no tiene objeto de conocimiento solo se enuncia en el acto de puniciòn , es un enunciado directo sobre lo real , encarnizadamente pràctico.
La justicia se asocia a un sonido , sonidos chirriantes de la maquina , sonidos que no cesan de ser un fluido (contiguo) y continuo ( aunque sabemos que ningún mecanismo es perfecto) Cuerpos que entran y salen de la maquinaria y que la configuran , son parte de su mecànica , no hay escapatoria son piezas del artefacto . Son hombres màquina que salen y entran de la maquina penitenciaria.
El antiguo y el nuevo regimen
La màquina de la Colonia penitenciaria es una màquina deseante creada por el antiguo comandante , a cuya ley obedece. ..Ud ha oido hablar de nuestro anterior comandante? No exagero si digo que toda la instalaciòn de la colonia es obra suya…”  Deseo de proliferar su red de conexiones , de repetir un recuerdo y su múltiples escenas , las misma pero distintas , el antiguo règimen del antiguo comandante es desplazado en el tiempo por el nuevo règimen desterritorializandolo en la Colonia . La desterritorializaciòn de que nos habla Deleuze se puede entender en Kafka de la siguiente maner: K no era checo , aunque naciò en Praga , y no era aleman , aunque era esta su lengua adoptiva , era judìo y judìa era la lengua de su madre , pese a que jamàs se sintió parte de la colectividad judìa en Praga.  
Escenas con el  comandante  creador de la màquina y el nuevo comandante , el oficial y el anterior comandante vìctimas ambos de la maquina solo que el oficial se somete a la màquina destruyendose y destruyendola .Solo con una sentencia “Se justo”…Texto

El engranaje  los personajes
Todos los personajes de este cuento giran en torno a la màquina , extraños sujetos , animales segmentarios de actitudes teatrales sin identidad fija .  El elenco de este cuento son sujetos parodiantes, apéndices o piezas adyacentes , figuras famèlicas , grotescas , fracasadas, que pasan por la màquina siempre de manera descentralizada ya que èsta ocupa el centro de la escena ; maquina célibe, solitaria , màquina improductiva de eterno retorno…”la màquina aùn trabaja y es efectiva. Es efectiva a pesar de su soledad en este valle …”
El viajero ( explorador- e investigador) -  es un sujeto nòmade , ciudadano de otro estado , viajero que solo tiene la intenciòn de mirar …” el condenado le era xtraño, no era compatriota y menos una persona que infundiera compasión…”; nòmade que atraviesa la tela de araña , el callejón sin salida en una loca huida luego de haber colaborado en el desmantelamiento del artefacto del antiguo règimen.
El oficial- Es un esclavo admirador de la maquina , el es fiel a la administración anterior , es oficial , maquinista , juez, tècnico , ingeniero , etc . Es un siervo uniformado , el es quien se somete a si mismo en cumplimienbto del deber , quien paga con su vida la prescripciòn olvidada, violada .
El soldado- Es un burócrata individual que no puede escapar del aparato al que està unido encadenado a su actividad a traves de toda su existencia . Cadenas de la existencia cotidiana . Es un simple engranaje “ un soldado que sostenìa la cadena pesada de la que salìan cadenas màs pequeñas , con las que el condenado estaba aherrojado tanto de los tobillos como de las muñecas , como del cuello”
El condenado- Criatura de apariencia humana que no se sabe a si mismo sujeto , sujeto a otro, ni sujeto a si mismo , con la cabeza gacha , indiferente y a su vez obediente. No opone resistencia alguna , no se enfrenta ni forcejea con el poder tampoco intenta escapar a la ejecución…” el condenado , un hombre apatico y de boca ancha , con pelo y cara descuidados ..tenìa un aspecto tan perrunamente sumiso, que al parecer , lo hubieran podido dejar suelto en las pendientes circundantes, y en el momento de la ejecución solo se necesitarìa silbarle para que acudiera…
El territorio- La isla  donde està ubicada la colonia es un desierto …” por un lado un  pequeño y arenoso valle rodeado y enclavado entre profundas paredes …” isla como  callejón sin salida para sus habitantes pero a su vez lugar atemporal y sin espacio , isla del no lugar geográficamente invisible , sin indicaciòn de sus coordenadas que depende totalmente de una estructura buròcratica.


 Epilogo:
Foucault  describe y profundiza el suplicio en su libro “ Vigilar y castigar”
Lo que sostiene el cuerpo supliciado, descuartizado , amputado o marcado simbòlicamente es la mirada del otro. Se necesita una exposición, la idea de un espectáculo. Un suplicio es un ejemplo de anatomía politica, en el cual se entrecruzan multiples variables desde el espacio donde se elije mostrar la ejecución asi como tambièn el tiempo que insume. Analizando los mètodos de puniciòn podemos descubrir indicadores de estructuras sociales y procedimientos de poder .
En la Colonia aparecen huellas de una època dorada en vìas de extinción, con còdigos morales estrictos y una nueva època que comienza a partir de la muerte del comandante anterior y la asunciòn  del nuevo comandante en la cual la mirada se dirije hacia el afuera de la isla , una època de construcciones portuarias y de distintas participaciones democràticas  en las asambleas. Cuenta el oficial …” que distinta era una ejecución en otros tiempos . un dìa antes el valle entero se llenaba de gente , las fanfarrias despertaban a todo el campamento …entonces empezaba la ejecución , ninguna nota discordante perturbaba la labor de la màquina …En la actualidad es imposible dar una idea de aquellos tiempos…”
Volviendo a Foucault : el suplicio es una tècnica que debe cumplir con tres requisitos :
-         Ha de producir una cantidad de sufrimiento que se pueda apreciar , comparar y jerarquizar .
-         La muerte es la ocasión y el tèrmino de una gradaciòn calculada de sufrimiento. El suplicio es el arte de retener la vida en el dolor de una agonìa exquisita .Es un arte cuantitativo del dolor pero tiene sus reglas escrupulosas .
-         Forma parte de un ritual que traza sobre el cuerpo del condenado unos signos que no deben borrarse y todo este procedimiento tiene como objetivo permanecer en la memoria de los hombres.
Para Foucault y tambièn para el oficial , el acusado no està al tanto ni de la acusaciòn ni de su castigo . La màquina de la justicia produce verdad en ausencia del acusado ; su cuerpo asegura el engranaje parlante .
Texto…  “ serìa inútil comunicarle su sentencia al condenado ya lo conocerà en su propio cuerpo…el no sabe que ha sido condenado ….no ha tenido oportunidad de defenderse…”
Segundo y ùltimo epìlogo   
Para algunos autores la escritura  de La colonia ocurre luego de que Kafka toma contacto con el libro de Octave Mirbeau “El jardin de los suplicios”(1899) por lo tanto a modo de cierre transcribo uno de los suplicios narrados en dicho libro que si bien tiene otras caracterìsiticas me remite a la descripción del suplicio  en la Colonia . es el tormento  de La Campana (Jài inventè des choses veritablemente sublimes, d´´admirable supplices qui, dans une otre temps et sous une autre dynastie, m´eussent valu la fortune et l¨`a inmmortalitè …Anjord¨hui le gènie ne compte pour rien “dice el verdugo de El Jardìn de los suplicios  dice el oficial “Que distinta era una ejecución en otros tiempos “…)
…” Un ruido estridente, como un chirrido de polea, cruzò el aire. Y después algo muy suave , muy puro contra la cual, una noche, choca el vuelo de una falena…Sobre el llano de un cerro extenso y bajo. Al que la alameda conducìa por una pendiente insensible y continua , habìa un espacio totalmente redondo , artìsticamente dispuesto en arboreto por sabios jardineros . En el centro de aquel espacio , la campana, enorme , panzuda, de un bronce mate con una lùgubre pàtina roja, estaba colgada , mediante el gancho de una polea , del travesaño superior de una especie de guillotina de madera negra cuyos montantes estaban decorados con inscripciones doradas y terroríficas màscaras. Cuatro hombres desnudos hasta la cintura , con los músculos tensos y la piel tirante hasta no ser mas que paquetes de protuberancias deformes, tiraban de la cuerda, y sus esfuerzos , rítmicamente combinados , apenas conseguian mover, levantar aquella pesada masa de metal que , a cada tiròn, exhalaba un sonido casi imperceptible , aquel sonido dulce , quejumbroso, que habìamos oido un rato antes y cuyas vibraciones iban a perderse y a morir entre las flores. El badajo, un pesado mazo de hierro , tenìa entonces un leve movimiento de oscilación, pero ya no llegaba a las paredes sonoras , hartas de haber tañido durante tanto tiempo por la agonìa de un pobre diablo. Bajo la cùpula de la campana, otros dos hombres, con la cintura desnuda y el torso chorreante de sudor , fajados con una tela de lana oscura, se inclinaban sobre algo que no se veìa . y su pecho , del que sobresalìan   las costillas , sus magros flancos resoplaban como los de los caballos exhaustos…
Y en aquel momento comprendimos sobre que se inclinaban aquellos dos hombres con el torso flaco y la cintura fajada da lana oscura que habiamos visto bajo la cùpula de la campana en cuanto entramos en aquella parte del jardìn .Estaban inclinados sobre un cadaver al que liberaban de las ataduras de cuerda y correas con las que habia estado sòlidamente amarrado …Ni el cuchillo que despedaza, ni el hierro candente que quema , ni las tenazas que arrancan, ni la cuña que abre las junturas , desconyuntura las articulaciones y quiebra los huesos como si fueran maderos . podian causar mas daños en los òrganos en carne viva , y llenar el cerebro de mas espanto que el sonido de la campana invisible e inmaterial, que se convertìa por si sola en todos los instrumentos de tortura conocidos , ensañandose a la vez en todas las partes sensibles y pensantes de un individuo, cumpliendo la tarea de mas de cien verdugos…





jueves, 28 de agosto de 2014

Del libro Astillas en el tiempo 
de Luis Vicente Miguelez


CAPITULO 8
Presencia amiga

Al finalizar el Lisis, el diálogo de Platón sobre la amistad, Sócrates dice:
“Si ni los semejantes ni los desemejantes, ni los buenos ni los afines, ni todas las cosas que hemos recorrido, pues ni yo mismo las recuerdo de tantas como han sido, si nada de esto es objeto de amistad, no me queda nada por añadir”.  “... Ahora Lisis y Menexeno, hemos hecho el ridículo un viejo como yo y vosotros. Pues cuando se vayan, éstos dirán que nosotros creíamos que éramos amigos – porque yo me encuentro entre vosotros - y sin embargo no hemos sido capaces de llegar a descubrir lo que es un amigo.”
Entiendo que su “fracaso” en definir al objeto de la amistad es su mejor acierto. Nos coloca sobre la pista de que ella no encierra un tipo de relación de objeto sino fundamentalmente una práctica de discurso. La amistad, tal como se despeja de la lectura del Lisis,  es esencialmente la experimentación del diálogo como acontecimiento.
Decir amigo es una de las manifestaciones culturales por excelencia. El carácter  realizativo que tiene este enunciado se pone de manifiesto en que su enunciación construye lazos e implicaciones entre sujetos. Cumple con lo que se denomina la condición performativa del habla, el hecho de hacer cosas con las palabras antes que referirse a las cosas mismas.
Ahora bien, la concepción que los antiguos griegos fueron forjando sobre la amistad  es un bello legado a Occidente,  ésta se fue concibiendo paulatinamente a través de su historia y nos llega múltiplemente determinada. Entre esta nutrida sobredeterminación originaria surge una asociación peculiar, la de su vinculación con la proxenia, con la obligación ciudadana de alojar al extranjero. La hospitalidad para con el extranjero tuvo verdadero valor de institución en el mundo griego.
La palabra philía, amistad en griego, además de designar cierta atracción por lo semejante[1], se vincula con la necesidad de alojar al extranjero, al diferente. En la concepción griega de amistad confluyen dos fuerzas opuestas, lo semejante y lo diferente. Ambas disposiciones convivirían en una suerte de tensión felizmente indisoluble.
Sabemos por nuestra parte que en la metapsicología freudiana lo ajeno, lo odiado y el objeto satisfaciente tendrían un origen común, el acto de expulsión originario que divide el mundo interno de lo externo. Freud finalmente acepta la idea de que en el origen más que el amor encontramos el odio. Lo odiado quedará asociado desde el comienzo con lo anhelado. Éste es el primer basamento de la ambivalencia afectiva con que la clínica psicoanalítica deberá lidiar en el campo del amor.
Por consiguiente, en la experiencia de la amistad encontramos el trabajo impuesto al psiquismo por la silenciosa carga de odio subyacente en la relación con el semejante. Parafraseando a Freud, se trata de poder triunfar allí donde el paranoico fracasa.
La relación de amistad implica reconocer y consentir las diferencias que se recortan de lo semejante, definiendo así el territorio de lo verdaderamente ínter- subjetivo. No obstante compartir la identificación con lo semejante, el vínculo con el amigo se diferencia de lo fraterno por conservar su condición de extranjero, de otro de uno mismo: la amistad no sería, entonces, otro nombre de la fraternidad.
Hay ciertos momentos, reflexiona Hannah Arendt, en que el vínculo de hermandad entre los hombres surge a partir del odio al mundo en el que estos son tratados inhumanamente. La fraternidad entonces, conserva en sí el poco de humanidad que aún queda en un mundo que se ha vuelto canalla. En esos tiempos de oscuridad, ella advirtió que esa forma de humanidad tiene un alto costo a pagar. Bajo la presión de la injusticia, la persecución, la discriminación, y la violencia los hombres necesitan juntarse tanto entre sí que hacen desaparecer los intersticios donde se sitúa el mundo, desaparece el “entre” donde prospera la civilización. Sin ese “entre” a la larga muere el diálogo. Es en estos intersticios donde florece la amistad. Por lo tanto, la experiencia de la amistad, más que un asunto de mera intimidad, es un suceder entre lo público y lo privado, un acontecimiento de revitalización cultural.
Refiriéndose al malestar que impera en la cultura Freud, no solamente reconoció la imposibilidad de cumplir con el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo, sino que mostró que ese mandamiento, al pretender anular la diferencia entre el otro y el sí mismo, deniega la dimensión de extranjero que hay tanto en uno como en otro y desconoce la ambivalencia por la cual el odio sigue como sombra todo amor por ese prójimo.
Si la amistad es un acontecer cultural y no religioso es porque se sostiene más en la reunión de lo heterogéneo que en la de lo semejante. En contraste con lo fraterno no busca homogenizar al otro en la imagen propia sino poder alojarlo en tanto extranjero.
Interponer la imagen propia en la relación con los demás fomenta en última instancia la tensión agresiva que circunda los vínculos entre semejantes. Hacemos referencia a una rivalidad primaria que más que por algún objeto en particular es una lucha por el ser. Su manifestación más perceptible se la observa en lo que se ha denominado el transitivismo infantil, donde el golpe dirigido al compañero de juego se vivencia más como recibido que como dado.
El odio que encierra la relación con el semejante no encuentra manera de ser tramitado en el escenario de espejos enfrentados que constituye la relación dual.  La experiencia de amistad configura una alternativa porque incorpora una tercera dimensión en el vínculo con el otro. Esa terceridad que crea intersticios es lo que se denomina presencia amiga.
Tanto en la amistad como en la experiencia analítica la dimensión de la presencia es de naturaleza tal que configura su singularidad. No me refiero con ello a una manera de estar sino fundamentalmente a aquello que constituye un don. La presencia dona conjuntamente una irrevocable alteridad y un fragmento de real más allá de la imagen idealizada- odiada. Subscribo plenamente lo que escribe John Berger en “El tamaño de una bolsa”: “La presencia no se vende. Sería lo único que no puede venderse. La presencia se regala... Es siempre algo inesperado, no la ves venir, avanza lateralmente”
En consecuencia pienso que el analista que percibe un pago por su labor no cobra empero por su presencia, pues tan sólo en el instante en que la da es que verdaderamente la posee.
Ahora bien, la agresividad que tiñe los lazos sociales tiene su punto de partida en las primeras experiencias infantiles. De ello dio testimonio San Agustín en el relato que hace de su más tierna infancia: lívido de furia contempla la escena en la que su hermano de leche goza plenamente del pecho materno. Lacan supo hacer de esta confesión una valiosa ilustración de la agresividad originaria. La asocia a la mirada envenenada con la que el infante experimenta la alineación primordial a una imagen ideal que lo separa de su identidad vivida: estructura paranoide que gobierna la organización pasional a la que llamará yo. De ahí que la alternativa o yo o el otro sea siempre falsa, pues en el fondo el yo es otro.
La verdadera alteridad de la presencia pone límite a la furiosa pasión humana de imprimir en la realidad la imagen propia. En términos metapsicológicos podemos situarla como lo que posibilita establecer el espacio, el intersticio, el intervalo entre el yo y el yo-ideal. Esa porción de real que incluye exige de un trabajo psíquico que distrae de la tensión de agresividad narcisista constitutiva del propio yo.
Una mirada amiga no es una mirada complaciente sino un mirar que puede reconocer y hacer lugar en lo altero del otro y de uno mismo a algún deseo singular. Es en este sentido que entiendo lo que afirma Platón en el Lisis acerca de que la causa genuina de la philía no es la necesidad de algún bien sino del deseo. Deseo de nada en particular, - su fracaso en encontrar el objeto de la amistad da suficiente prueba de ello-, deseo que ilumina el desgarramiento original que separa al yo humano de su ideal.
Platón denomina connaturalidad entre los amigos al hecho de estar cada uno afectado por algún deseo que lo hace incompleto, condición necesaria para el sostenimiento de los lazos de amistad. Pero no se trata del contenido de algún deseo en común sino del reconocimiento de la posición deseante del otro más allá de uno mismo. Esta situación los hace por una parte semejantes y por otra diferentes, extranjeros en la tierra del amor narcisista. Philía se distingue claramente de Eros. Mientras que la práctica de la amistad hace del diálogo la celebración[2] del deseo, Eros busca en la fusión amorosa restaurar una completud perdida. Los amantes estarían más afectados por la nostalgia de lo Absoluto.
La práctica del análisis reuniría en torno a la transferencia tanto a Eros como a Philía. Eros, que impulsa a lo Absoluto, sostiene en ella la ilusión de un bien a obtener de un Otro al que se le supone tenerlo, o por lo menos saber cómo alcanzarlo, mientras que Philía, que hace del diálogo y de la presencia el acontecimiento privilegiado, castra a ese Otro para volverlo amigo. “Te amo, pero como amo en ti inexplicablemente algo más que a ti, te mutilo”, expresa no sin cierta crueldad Lacan en su Seminario refiriéndose a los finales de análisis.
Sabemos por experiencia que sin ilusión no habría transferencia pero que sin alguna verdad sobre el deseo ésta sería pura sugestión. En tanto participa en la transferencia analítica no solamente Eros sino también Philía es que podemos testimoniar de verdaderos finales de análisis y no únicamente de rupturas y desilusiones.
La presencia real del analista convierte a la escena transferencial en algo distinto a la mera reproducción de vivencias vitales malogradas o a una pura proyección imaginaria. Si aún bajo la preeminencia de la eterna repetición de lo mismo se presiente algún nuevo descubrimiento es porque dicha presencia  aporta, sobre el fondo imaginario de la relación dual, la irreductibilidad de la alteridad del sujeto. Es ese fragmento de real que hace del ser un existir.
La metáfora del espejo con la que se pretendió en su momento ilustrar la función del analista demostró ser absolutamente inadecuada porque oculta lo esencial del lazo analítico. Justamente por no ofrecerse como el espejo donde se mira el paciente y sí como presencia amiga, es que el analista posibilita rehacer en el desarrollo de un análisis la experiencia de ese estar solo en presencia de un otro con el que Winnicott iluminó el origen de un estar relajado no interferido por la demanda de ser. Debemos cargar en su cuenta esos momentos de silencio elaborativo a los que se entrega el paciente en la sesión y que se corresponden con un progreso en el tratamiento. La función del analista es básicamente hacer de su presencia la disposición al encuentro con el deseo, sin encaminarlo hacia algún ideal ni aplastarlo con el propio. Efectivamente en esto consiste la abstinencia analítica, tal como proponía Ulloa, algo muy alejado de la indolencia afectiva o de la neutralidad cruelmente obsesiva.
En la experiencia compartida de un análisis, el analista se irá convirtiendo en una presencia amiga capaz de sobrevivir al ejercicio de destrucción imaginaria a la que la somete el amor-odio en la transferencia. 
Sin la experiencia de máxima destructividad el sujeto nunca coloca al analista afuera, y por lo tanto jamás puede hacer otra cosa que experimentar una especie de autoanálisis, usando al analista solamente como una proyección de una parte de si mismo”. Me asocio plenamente a este comentario con el que Winnicott presenta las vicisitudes de un análisis y entiendo que lo que él denomina el analista afuera es lo que estoy intentando conceptualizar con el término presencia. Sin esa presencia en la que incluyo aquello que hace a su estilo, el analista no es  otra cosa que una mera proyección y el análisis se convierte inexorablemente en autoanálisis frustrante, por más que se pueda disfrutar de ello por un tiempo.
La apuesta analítica apunta siempre a la aparición de alguna metáfora vivificante que posibilite que en el tiempo congelado de la repetición de lo mismo se abra una brecha que aloje al sujeto.
Un paciente, hijo póstumo, encuentra en la relación con su analista la oportunidad de entablar un diálogo con su padre muerto, restañar en ese diálogo heridas abiertas y aligerar el peso de una nostalgia culposa que aún antes de sus primeras vivencias afectivas tiñe su existencia de un tinte opresivo e inhibitorio.
El analista tomado en esa relación transferencial - por supuesto no pretende ser el padre pero tampoco rehúye a evocarlo- reconoce en los afectos que despierta, viejos anhelos, amores y rencores, su implicación personal. Intuye entonces en los avatares transferenciales que agitan ese análisis que algo importante está sucediendo.
Podemos suponer que se repiten con el analista las vicisitudes fantasmatizadas de un encuentro que realmente jamás se produjo. El análisis se va desenvolviendo en una situación verdaderamente paradojal donde puede decirse que la cosa marcha, que el diálogo entablado propicia el trabajo elaborativo.
Ahora bien, sin ahondar demasiado en el caso, quisiera destacar un punto que pienso fundamental: la transferencia obliga al analista a interpretar al padre.  Para las consideraciones que siguen es necesario recuperar la multiplicidad y diversidad semántica del término interpretar.  
El guión que el paciente aporta con su relato es condición necesaria pero no suficiente para que la interpretación ocurra y el analista deberá recurrir entonces a su propio inconsciente, fuente valedera de resonancias inéditas. Así como un pianista inspirado al ejecutar una partitura hace oír al propio compositor melodías jamás apreciadas, el analista, en lo remanido del guión de una vida, hace oír aquello que nunca antes fue escuchado, retorna en las interpretaciones lo verdaderamente inaudito de la trama.
En este caso, donde la transferencia repite una vez más ese diálogo imposible con el padre muerto, la presencia real del analista permite que el paciente haga la experiencia de que sus palabras sean por fin escuchadas, de poder dirigirlas verdaderamente a alguien, que aún no siendo el padre puede interpelar.
Lacan dijo alguna vez que los análisis comienzan hablándole de uno a nadie y continúan hablándole a alguien pero no de uno y terminan cuando aquel, que seguramente ha cambiado sensiblemente en su transcurso, consigue hablar de sí a alguien. Conjeturo que la transformación de la palabra del sujeto tiene como principal motor la aparición del analista como presencia amiga.


Referencias bibliográficas

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D.W.Winnicott, Los procesos de maduración y el ambiente facilitador, La capacidad de estar solo. Paidós,1993
D.W.Winnicott, Exploraciones psicoanalíticas I, Sobre “el uso de un objeto”. Paidós,1991




[1] Se le atribuye a Pitágoras la introducción del vocablo philía para referir a la unión entre los términos. Denominó “números amigos” a aquellos que se corresponden en la suma de los factores.

[2] Celebración, acto jubiloso conmemorativo de un acontecimiento que pone el énfasis en el cada vez. Remite a la concepción freudiana del juego en “Más allá del principio del placer”