martes, 15 de diciembre de 2015

¿No hay goce sino del cuerpo?
                                                                                       Marìa Teresa Ferrari                         


La enseñanza de Lacan  nos lleva a articular cuerpo-goce en una relación de implicación y corte. No habría goce sin cuerpo. Pero sòlo  si hay un parletre que en su decir  lo corporiza de forma significante.  Sòlo si se ha efectuado la expulsión de goce necesaria para constituirlo, lo que le permite la posibilidad de perder/encontrar algún objeto-tal como nos lo muestra la experiencia del fort-da. No habrá cuerpo sin las operaciones primarias de auftossung, behajung, que irán construyendo un campo de apropiación de lo placiente y de expulsión de lo displaciente.
Este cuerpo-que después advendrà sexuado-se va  constituyendo  ya desde la primera identificación . Esa que Freud define como de amor al padre.
La primera incorporación de la “esencia ausente” del cuerpo del padre, es la  incorporación de su potencia nominante. Las palabras nos “pegan “ y hacen de un soma, cuerpo .Esta  potencia nominante solo puede  transmitirse  desde el decir de algún Otro primordial, que habla, mira, acaricia, desde el vacio ardiente de su propia falta, empujando con esto a gozar, a constituirse corporalmente
Esta primera identificación harà posible la inscripción del rasgo unario , que se anudarà  con el acontecimiento  de la apropiación  de su guestalt especular, no sin el asentimiento del Otro. …,En   un tercer tiempo advendrán las identificaciones necesarias para la definición sexuada: se será hombre, o mujer ,portando en el cuerpo y sus vestimentas los atributos necesarios que hacen a esta decisión Esto dentro del destino neurótico.. Diferente será el campo de la perversión donde queda abolido el lazo amoroso en perjuicio del despliegue de la escena de goce -que tiene como condición la angustia-divisiòn subjetiva del lado del partenaire. En el campo de las psicosis también quedarà la decisión sexuada marcada por la imposiblidad del funcionamiento de la metáfora paterna, dadora de sentido a través de la significación fàlica.
Si hay neurosis se irán articulando los diferentes  modalidades gozantes  del pequeño a con la significación fálica- clave de toda significancia-, vacíos que permitirán la secuencia de la metonimia deseante, y que perfilaran la puesta en marcha del circuito gozante, causado por el plus de gozar, como la promesa de un goce.  Asì la pulsión es  la resonancia  en el cuerpo- en sus vacíos, orificios-de un decir… Hay goce sexual porque somos hablantes. El lenguaje, con su propia hiancia , nos marca en el cuerpo.   Somos corporales, quedando anudados cuerpo goce en nuestro decir y en el despliegue ficcional de nuestra  escena en el mundo.
Si un analizante produce una demanda de análisis es porque inevitablemente, traido por su síntoma, acude a Otro que  pueda  allí semblantear en el artificio transferencial , cierto  reconocimiento ¿.Quien eres tu, como gozas, que se te vuelve imperioso para ex - sistir?  Se pregunta todo neurótico armando ese Otro supuesto que sabría. Porque en el desdoblamiento que la castración produce- si es que hubo cuerpo y hubo neurosis- el parletre con su lalangue habla desde eso otro que es- desconociéndolo. No queriendo saber nada de ello..
No hay experiencia analítica  sin presencia del analista .Lacan ha señalado  que esta presencia- que es corporal- es la puesta en acto de la realidad sexual del inconciente.  .Por eso hace falta la presencia del analista prestando su cuerpo para encarnar la voz, la mirada, el objeto oral o anal, que se pasarà a  deglutir, escupir, retener o expulsar, en la experiencia, que es también de goce. Pero imposible sin amor.
¿Qué produce la experiencia analítica con el goce que el analizante viene a desplegar en transferencia? ¿ Lo domestica?,¿ lo acota? ¿lo re-orienta?  Lo prohíbe? El goce librado a su propio empuje no tiene limite, nada hay que lo satisfaga si no queda anudado al deseo y al amor.. Cada parletre  tendrá que   convivir  con eso que se le impone, encontrando un savoir y faire , que no tiene que ver tanto con un “saber”, sino con la puesta en acto de una verdad: Eso te concierne . Llegar a ubicar la inexistencia del Otro-supuesta “causa” de todo padecer neurótico-, hará posible la responsabilidad por el  goce que nos habita. .Advenimiento de ese tiempo de subjetivación del circuito pulsional donde advertimos hasta què punto nos hacemos hacer-  nuestra demanda dirigida al otro/Otro que intenta sostener con èl la escena de goce que nos sostiene , que nos hace falta inexorablemente para estar allì.. Y en este advertir, la posibilidad de hacernos responsables  del  el goce que nos concierne.
No hay abordaje posible del goce sin el lazo que puede armar el amor. No podríamos sostener ningún trabajo  con el goce sin la mediación del amor de transferencia. También en la experiencia analítica, el amor es lo que permitirá al deseo condescender a algún goce. Sin ello, la obscenidad  mostrativa del goce, y su empuje a la infinitud, impediría todo decir y  toda escritura .
Cercar eso que goza, , que es lo ajeno y a   la vez lo màs propio, no es tarea simple.…Discernir hasta qué punto esa escena privada donde cierto goce se vuelve indispensable, pese a lo repudiado, constituye lo más irreductible del síntoma
En un analizante lo irrenunciable eran sus ingestas nocturnas, sus ataques de voracidad , que ponían en jaque todo intento de régimen, de estabilidad en un peso posible .Durante las sesiones debía concurrir siempre al baño. ¿Era lo  incontenible de la aspiración a un todo fusional , a un pleno de goce, lo que lo  llevaba a no poder terminar de vaciar lo que había que vaciar para causar su deseo.?. En un momento pudo comenzar a hablar de su apatía, su desinterés por las cosas, su impotencia, la necesidad de dejar de funcionar puramente en función de la demanda del Otro.. De mostrar en acto  la imposibilidad de vaciar , a poder hablar de su falta de deseo ,Momento fecundo donde   decir promete la contingencia de alguna escritura.  Que algo cese de no escribirse., para producir  un  cambio en esta posición gozante. No sin estar sostenido por el amor de transferencia…Lo  que le permite ahora  cercar con palabras alguna verdad respecto de aquello que le concierne en términos de goce, tanto en  lo que lo excede como en lo que le hace falta,.. Dejar de responder a la demanda voraz que situaba en sus propios hijos, que era la condición fantasmàtica de hacerse padre .Se escuchaba un exceso allì, en responder a lo que su` propio padre no había podido, que  lo dejaba exhausto y vacío, porque  nunca alcanzaba lo que podía dar…
Los análisis no son experiencias “intelectuales”, sino  que ponen en juego lo pasional-pulsional  de cada quien. Cuando Lacan introduce su neologismo lalangue, trata de terminar de romper con la escisión alma-cuerpo.Lo que decimos, lo que escuchamos lo que escrituramos en un análisis  nos toca en el cuerpo. Por esto, en la Tercera, Lacan propondrà que la angustia tiene que ver con registrar que somos corporales. Que nos reducimos a ser un cuerpo. Cuerpo sexuado, cuerpo amenazado por la castración y por la finitud,y a la vez “sustancia gozante”.
 Què otros destinos para el cuerpo gozante se abren cuando se transitan fuera de la experiencia analítica? Cuando no hay una pregunta que intente cernir alguna verdad sobre la responsabilidad subjetiva  en esto que pasa?
Me gustaría abrir ciertas preguntas que trae el último film de Woody Allen, “El hombre irracional”.El personaje central es  Abe, un profesor de filosofía que siente haber tocado fondo, y que se acompaña todo el tiempo de una petaquita de whisky para adormecer su profundo hastìo de vivir. Està inhibido, no puede escribir un libro ni tampoco tener sexo con una mujer.Se encuentra de visita como docente invitado por una Universidad en un curso de verano .Allì conoce dos mujeres, una colega-que rápidamente se enamora de èl y busca seducirlo- y una alumna, con quien comienza a transitar los senderos de una amistad .Se impone ese lìmite de ser sòlo amigos, aunque la muchacha parece querer algo màs.Lo detiene  el hecho de que se trata de una alumna, y de que tiene novio. No obstante, no se priva de seducirla a partir del relato de su vida colmada de pèrdidas, la muerte de su madre a los 12, la mujer que lo deja por su mejor amigo, un amigo muerto al pisar una mina en Irak.Se presenta como la vìctima de un mundo sòrdido que no ha dejado de lastimarlo .Por eso toma de màs..
Un hecho fortuito, escuchar en un bar las tribulaciones de una mujer a quien un juez venal parece dispuesto a quitarle la tenencia de sus hijos, produce un viraje en su existencia opaca y alcoholizada. Cuando escucha decir que la mujer le desea al juez un cáncer, se le impone una frase que lo turba, lo marea y le genera un estallido de sensaciones corporales :no basta con desear que se muera, tienes que actuar en esa dirección…
Logra salir de esta turbaciòn cuando decide matar al juez en cuestión, como manera de aplastar a esta cucaracha que tanta desdicha le causa a esta pobre mujer .Planifica el crimen perfecto, nadie podrá sospechar de èl por carecer en absoluto de razones para el crimen, en poco tiempo se irà del lugar , y habrá hecho entonces su pequeñísimo aporte de librar a la humanidad de estos “¿padres”? gozadores y terribles…
Esta  decisión le genera un cambio significativo, se le despierta un goce por las cosas de la vida, vuelve a tener apetito, se siente pleno, puede tener sexo con la colega docente. Finalmente consuma el asesinato, sustituyendo el vaso de jugo que el juez se tomaba en su training sabatino por otro contaminado con cianuro. Veneno que había obtenido del laboratorio de la Universidad, dejando dos testigos, la  amante a la que le había sustraído la llave para entrar al lugar, y una alumna con quien se cruza en plena acción de robarse el veneno..
La consumación del crimen le hace franquear otra barrera, le propone festejar la muerte del juez venal a la alumna, aquella con quien había sido testigo de la confesiòn de la madre atribulada .Ella  se muestra dividida por el acontecimiento, le genera culpa festejar la muerte de ese “padre malvado”. No obstante a partir de este encuentro se  abre la barrera que lo detenía a tener sexo con ella y pasa al acto de convertirla en amante.
                Abe ha encontrado un sentido para su vida en este  sacar del mundo a un padre aborrecible,lo empuja el goce parricida.. Deja de jugar a matarse para pasar al acto de matar, matar a un padre .Los hechos se precipitan, Abe vive en el mundo de los hablantes donde no puede dejar de hablar y de dar cuentas ante los otros de sus actos. .Finalmente las dos  amantes terminan  descubriendo su implicación en el asesinato. Todo se precipita cuando la policía inculpa por el crimen a un inocente .La alumna lo amenaza con denunciarlo si èl mismo no se involucra y dice la verdad.. Un crimen lleva a otro crimen, porque no hay crimen perfecto .Pero esta vez Abe fracasa, no logra acallar a la muchacha matándola,y se mata… Su posición melancólica lo lleva a fracasar, dominado como està por su entrampamiento en el goce masoquista, del que sale muy fallidamente con su asesinato .Porque no se priva de dejar  pruebas para quedar inculpado…No le alcanza para ex -sistir el goce parricida, porque lo empuja a seguir dentro de la lógica de matar o morir. Ha quedado enredado dentro de los excesos trágicos de ese mandato que lo empuja : Goza!!!!!.
                Por el contrario, la alumna  neurótica ha logrado salir del hechizo que le hacìa confundir  complicidad de goce con amor, y sostenida por el amor de su novio, logra salvar su vida .
                Lo que revela que no es posible la existencia sin este acotamiento que el amor produce  en el goce parricida , goce que para su satisfacciòn   plena no puede sino multiplicar los asesinatos, esto de que el crimen lleva al crimen. Por algo en el mito freudiano de Totem y tabu, los hermanos deben producir su pacto de acotamiento de goce para impedir que el crimen parricida retorne.
El neurótico común, a diferencia del héroe trágico, del perverso, del melancólico o del psicótico  logra tramitar la prohibición de estos goces – tanto el parricida como el incestuoso- pagando el precio de sus síntomas. Que lo aquejan dividèndolo, que lo perturban con la culpa, la deuda, la duda, la ambigüedad..Pero que con esto presevan su posibilidad de ex -sistir, adviniendo a los pequeños goces privados que nunca lo complacen del todo, pero que le van haciendo la vida ciertamente màs amable que la de nuestro perturbado personaje de ficción.
El cuerpo del neurótico padece sus síntomas , que lo previenen  con el horror al acto –ese al cual conduce el empuje   a gozar .Acto que produce otra nominación, y que puede también ser pasaje al acto, caída para siempre de la escena…
Este horror al acto es siempre un horror a la puesta en juego de este hacer que será siempre corporal. Todo asesinato, todo crimen requiere de un hacer significante donde se pone en escena el cuerpo .No sin el cuerpo, aùn en el caso de que sea por encargo,  se está  allì habitando el cuerpo del sicario, con la mirada, con la voz, con la imaginación, con el deseo..
¿Es en este sentido que debemos sostener la premisa lacaniana de que no hay goce sino del cuerpo? ¿Es porque no es posible prescindir del nudo significante –goce que debe quedar encarnado en el cuerpo de alguien? Porque la tradicional división entre un cuerpo y un alma, que depara para el alma la inmortalidad , condenando al cuerpo a la decrepitud y la perentoriedad, queda puesta en cuestión en esta discursividad, que, ya desde  Freud se  escritura con este concepto lìmite que es el de pulsión, .Que màs que un concepto lìmite,  le pone un lìmite a esta maniquea división alma-cuerpo .Somos corporales, hablamos con el cuerpo y en nuestro cuerpo bañado por el lenguaje resuenan los decires que portan las verdades que nos conciernen.
Tanto las ficciones literarias o cinematográficas, como en  el decir de nuestros analizantes es posible una lectura y una escritura de esto que se dice y esto que se hace.Y que no es sin el cuerpo.






miércoles, 17 de junio de 2015

Escrito en el cuerpo : La  colonia  penitenciaria                        Monika Arredondo                                                                                        

En octubre de 1914, Kafka le pidiò al instituto de Seguros donde trabajaba un permiso de una semana para terminar algunos textos que tenìa entre manos. Tuvo vacaciones entre el 5 y el 11 de octubre pero pidiò una prorroga hasta el dìa 18 de ese mes. Algún tiempo màs tarde , el 31 de diciembre del mismo año , escribe en su diario…” Desde agosto he trabajado , en general, no poco y no mal, pero ni en el primer aspecto ni en el segundo lo he hecho hasta los lìmites de mi capacidad …terminados solo estàn , En la Colonia Penitenciaria , y un capìtulo de El desaparecido ambos durante el permiso de catorce dìas . No se porque hago este recuento, no va conmigo”
El 20 de noviembre se lo lee a Max Brod su interlocutor privilegiado . y el 2 de diciembre de 1914 el autor anota…” les he leido En la Colonia , no descontento del todo , exceptuando los errores , clarìsimos , indelebles. “
Sin el texto publicado aùn Kaffka se decide a ofrecerlo en una lectura pùblica en la Galerìa Hans Gotltz de Munich, el 10 de noviembre de 1916. La lectura despierta una enorme perplejidad entre el pùblico, y tres damas deben ser asisitidas por desvanecimiento debido al impacto de las escenas mas escabrosas de la narración segùn Joachim Unsfeld en “Kaffka una vida de escritor”
De esta accidentada lectura pùblica la ùnica que Kaffka realiza fuera de Praga , en toda su vida se escriben varias reseñas .Le escribe a Felice Bauer el 7 de diciembre de 1916…” Me preguntas  por las crìticas de la lectura . Hasta el momento solo he recibido una mas del Munchener Neuslen Nachritchen del 11 de noviembre y la del Munchener Zeitung el 12 de noviembre que es algo mas amistosa que la primera , pero dado que està de acuerdo con esta en lo fundamental, la mayor benevolencia en el tono no hace sino reforzar de hecho el grandioso fracaso de todo el asunto ya ni me tomo la molestia de procurarme las otras reseñas…”
Finalmente y luego de algunos cabildeos Kaffka acepta la invitaciòn de Kart Wolf para ser publicada en una colección de Temas Fantàsticos. La primera y ùnica ediciòn del relato apareciò a finales de octubre de 1919 con una tirada de 1000 ejemplares.
Escribe Elìas Cannetti en la “Conciencia de las palabras” …Volviò de Munich con nuevos ànimos considerando lo que escribe a Felice…” la lectura resultò un fracaso , habìa llegado con mi cuento a guisa de vehiculo a una ciudad, que aparte de ser un lugar de encuentros y recuerdos desconsoladores de mi juventud, no me interesaba en absoluto , leì mi sòrdido relato con la mas completa indiferencia, la boca de un horno vacìo no hubiera sido mas frìo y luego que aquí me ocurre muy raras veces , estuve en compañìa de personas extrañas…”  Las crìticas fueron negativas y el mismo les diò la razòn . arguyendo que habìa sido un acto de “fantastica presunciòn” por su parte leer en pùblico después de no haber escrito absolutamente nada durante dos años.
Pero fue precisamente esta presunciòn , la presentaciòn en pùblico , el hecho de que se pronuciaran juicios negativos , la derrota y la grandiosidad del fracaso en medio de gente desconocida, ademas de un nuevo distanciamiento con Felice  lo que lo precipita nuevamente en la escritura.
Síntesis del relato
La narración nos habla de una colonia de castigo situada en una isla a la que un viajero acude en misiòn exploradora desde un exterior no precisado . la màquina de tortura que se narra es en verdad repugnante, posiblemente l aparato mas complejo y desagradable de todos cuantos Kaffka imaginara.  Ademàs de la descripción de la màquina de tortura , la narración cuenta la evolución que se ha producido en esa colonia en los ùltimos años : el oficial coprotagonista del relato añora unos tiempos pasados , gloriosos, en los que la autoridad , del “antiguo comandante quedaba fuera de duda , en la que las torturas eran presenciadas por una multitud tan severa en cuanto entusiasta, y en el que la màquina misma cumplia sus funciones a la perfección. En el presente de la narración , el orden politico militar   de la colonia aparece corrompido , la población ya no acude en masa a las ceremonias expiatorias y la màquina misma se encuentra en un visible estado de deterioro y abandono . En medio de esta situación , y como rama argumental secundaria , el oficial le sugiere al viajero que lo apoye en una conspiraciòn contra el orden establecido en la colonia algo a lo que el viajero se niega . El oficial viendo frustado su plan de restaurar un antiguo règimen en el cual la màquina vuelva a ser la protagonista , sustituye al condenado en el lecho de tortura y muere junto con la màquina. El viajero tras una visita a la casa de te del lugar donde se encuentra la tumba del viejo comandante , sube a su barca y se aleja de la isla.
Escribir en el cuerpo
Barthès analiza dos formas de escritura el ethos de Oriente y el de Occidente..” .La escritura occidental prefiere la hendidura , la incisión la marca . el contrato y la memoria ; la escritura oriental es básicamente ideogràfica es una descripción  un dibujo . Similar a el papel , el pergamino o la tela , la piel no ofrece resistencia .Cuerpo y texto contienen una gramàtica , el intercambio entre los gramma y los fluidos , la circulación de lo que informa . pero nada es tan comunicativo como lo que se esconde bajo la piel .” Eros y lenguaje forman un engranaje continuo. La lengua puede ser evanescente , la escritura no lo es , la escritura  fija la esencia fugitiva del lenguaje… “.
Lo escrito  en La Colonia esta asociada a la estètica de un ritual , no queda claro en la descripción de los dibujos del comandante que es mas importante si aquello que enuncia o sea la sentencia o lo que rodea al enunciado . Hay una meticulosidad monstruosa en los dibujos que rodean al texto , se podrìa pensar en una articulación de ambas escrituras (la hendidura y el dibujo). Se privilegia el trabajo  de las agujas , agujas que estan siendo direccionadas por el  diseñador , importa mas la forma del trazado , los ideogramas que rodean las palabras mas que el texto. La maquina juega un papel esencial representa en estado vivo el arrasamiento del cuerpo por la mecànica de la letra , el dibujo y el signo.
Texto…La rastra dijo el oficial , “ un nombre muy apropiado” . Las agujas estàn dispuestas como en una rastra y el conjunto se maneja tambièn como una rastra, aunque en un lugar concreto y con mucho mas arte . La rastra empieza a escribir ; cuando termina el primer esbozo de la inscripción sobre la espalda del hombre , la capa de guata rueda y hace girar lentamente el cuerpo hacia un lado para ofrecer mas espacio a la rastra . Entretanto , las zonas ya heridas por la escritura entran en contacto con la guata , que gracias a su preparación especial detiene de inmediato la hemorragia y prepara la piel para una nueva insiciòn mas profunda…En la sexta hora el hombre empieza simplemente a descifrar la inscripción ,aguza la boca como si estuviera a la escucha. Ya viò Ud que no es fácil descifrar la escritura con los ojos ; pero nuestro hombre la descifra con sus heridas...” es a la rastra a la que se le encomienda la ejecución real de la sentencia , la forma de la rastra se correspode con la del cuerpo humano , a la cabeza solo se destina un pequeño punzòn  …Para permitir a todo el mundo controlar la ejecución de la sentencia , la rastra se hizo de cristal y ahora cualquiera puede ver , a traves del cristal , como se va grabando la inscripción en el cuerpo…”

Es lo que rodea la  escritura lo que ocupa gran parte del cuerpo del condenado .  Para Roland Barthes una escritura no necesita ser legible para ser plenamente una escritura . Se puede inferir que precisamente en el momento en que el significante se desprende de todo significado y suelta vigorosamente la coartada referencial, el texto aparece. Es el texto hecho cuerpo En el cuento el significado se identifica con su marca .
Los ideogramas que rodean la sentencia se convierten en un haz de signos y de dibujos proyectados al abismo , no estàn dibujados sobre una presencia ,ellos mismo son presencia y eluden la tentaciòn de proponerse como lenguaje , ese sistema de marcas nos regresa al mundo de las cosas . de la significación : son rayas, incisiones grabadas sin un sentido preciso que operan por abstracciòn . El espacio de la escritura de la sentencia es confuso perturbado , el adorno-ornamento cubre por completo la hoja , las palabra son infimas , la sentencia es apenas visible . No importa su lectura , la sanciòn existe por la cantidad y calidad de sufrimiento.
Texto…Al condenado se le escribe en el cuerpo con la rastra ,  la orden que ha incumplido. Yo aun sigo utilizando los dibujos del anterior comandante , son lo mas preciado que poseo..El viajero solo vio unas lìneas laberìnticas que se entrecruzaban repetidas veces y cubrìan el papel tan densamente que solo con gran esfuerzo podìan distinguirse los intersicios blancos que las separaban …dice el oficial : No puede ser una inscripción sencilla ; no debe matar de inmediato , sino al cabo  de unas doce horas por tèrmino medio , son muchos los ornamentos que deben rodear la inscripción propiamente dicha ; la verdadera inscripción solo ocupa una angosta franja en torno al cuerpo , el resto se destina a ornamentos...”
Y cual es la ley que està implicita en la sentencia? Que ley se maneja en la Colonia’?  Es una ley a medida de aquel que esta a cargo de la Comandancia. No admite interpretaciones . La sentencia està para cumplirla …La culpa esta siempre fuera de duda ese es el principio por el cual se rige el oficial
Como comentaba Jaime Plager  en su presentaciòn , existe una notoria asimetría en el concepto ”justicia” en la narrativa de Kafka la sanciòn no coincide con lo hecho por el soldado. Cuenta el oficial…un capitàn ha presentado esta mañana la denuncia de que este hombre , que le ha sido asignado como asistente  y duerme ante su puerta, se habia dormido durante el servicio. Su  deber era levantarse cada vez que sonara la hora y saludar militarmente ante la puerta del capitan. ..Anoche el capitàn quiso comprobar si el asistente cumplìa con su obligación . Cuando dieron las dos abriò la puerta y lo encontrò durmiendo acurrucado . Tomo la fusta y le diò con ella en la cara . Pero en vez de levantarse y pedir perdòn , el hombre aferrò a su superior por las piernas, lo zaradeò y le dijo “Tira ese làtigo o te comerè vivo” estos son los hechos , yo tome nota de la denuncia y pronuncie la sentencia…” HONRARAS A TUS SUPERIORES .
El oficial y la maquina son los encargados de ejecutar La Ley.  Ley que no se discute, se obedece y se rememora en una cruzada imposible mas alla de los cambiios polìticos ocurridos en La Colonia . El oficial es un celoso y ùnico herdero del procedimiento.. En realidad es mucho mas que un procedimiento es utilizar un cuerpo para instalar la memoria. La marca , todo el mecanismo es sinònimo de maquinìco , es opuesto a la circulación de la palabra . Podemos pensar que es una màquina que escribe y que sanciona sin las debilidades o equivocaciones de los hombres. Toma un cuerpo para vampirizarlo y lo convierte en un rulemán imprescindible que le otorga sentido.
Deleuze nos habla de coordenadas amorosas presentes en esta maquinaria, coordenadas edìpicas entre el viejo comandante y su heredero. Este artefacto  trasciende , y vampiriza cualquier aspecto de lo humano y se destruye junto a su amoroso cuidador , ùnico garante de su existencia. Vayamos al texto y a su descripción:
…” Esta compuesta de tres partes o tres sobrenombres populares . La base se llama “cama” , que està cubierta por una capa de guata donde se coloca a la condenado desnudo boca abajo, la parte intermedia de la màquina permanece oscilante sobre una cinta de acero y se llama “rastrillo” porque la agujas estàn ordenadas precisamente como un rastrillo y realizan un movimiento semejante a  este. Hay dos tipos de aguja dispuestas de muchas maneras . cada aguja larga tiene a su lado una corta . la larga escribe mientras la corta va echando agua para lavar la sangre y mantener siempre claro lo escrito. El  agua ensangrentada es conducida por pequeños canales hasta desembocar en un tubo de desague que va a dar a la fosa  ; por ultimo el diseñador que es la parte alta de la màquina y es la que recibe la pàgina escrita es decir la sentencia , funciona con electricidad propia y  es el engranaje que maneja el movimiento del rastrillo y se regula por el dibujo que està escrito en la sentencia …”
En cuanto a lo que se escribe “ la sentencia”  Deleuze nos habla de una multiplicidad rizòmatica resultado de la producción del inconciente , escritura ilegible de trazos que se cruzan entre si , innumerablemente, rizoma dentro de otros rizoma…
Esta sociedad disciplinaria se identifica por una tecnología de marcas y heridas, es el cuerpo el elegido para la escritura y el deshecho . En el caso del condenado “Honra a tus superiores “ imperativo categòrico que sera escrito en ese cuerpo ,  ejercicio del poder dejando su señal sobre los cuerpos . El lenguaje se utiliza para obedecer y hacer que se obedezca . la màquina descrita por Kaffka solo funciona estropeàndose . Destruye al inconciente lo raspa , lo lava ,lo barra  y lo vuelve intransmitible.
Deleuze y Guattari se refieren a la crueldad del procedimiento…”La crueldad es el movimiento de la cultura que se opera sobre los cuerpos y se inscribe sobre ellos labrandolos. La muerte el castigo los suplicios son producciones  y hay algo del deseo que los atraviesa . A los hombres o a  sus organos  los convierte en las piezas y engranajes de la maquina social. Y si queremos llamar “escritura” a esta inscripción en plena carne , entonces es preciso decir en efecto que el habla supone la escritura , y que este sistema cruel de signos inscriptos , es lo que proporcionaria la memoria de las palabras …”
En la Colonia  se presenta a la Ley como pura forma vacìa y sin contenido , cuyo objeto permanece irreconocible , la Ley no puede entonces enunciarse sin una sentencia y la sentencia no puede ser aprehendida sin un cuerpo .Nadie conoce el cuerpo de la Ley , no tiene objeto de conocimiento solo se enuncia en el acto de puniciòn , es un enunciado directo sobre lo real , encarnizadamente pràctico.
La justicia se asocia a un sonido , sonidos chirriantes de la maquina , sonidos que no cesan de ser un fluido (contiguo) y continuo ( aunque sabemos que ningún mecanismo es perfecto) Cuerpos que entran y salen de la maquinaria y que la configuran , son parte de su mecànica , no hay escapatoria son piezas del artefacto . Son hombres màquina que salen y entran de la maquina penitenciaria.
El antiguo y el nuevo regimen
La màquina de la Colonia penitenciaria es una màquina deseante creada por el antiguo comandante , a cuya ley obedece. ..Ud ha oido hablar de nuestro anterior comandante? No exagero si digo que toda la instalaciòn de la colonia es obra suya…”  Deseo de proliferar su red de conexiones , de repetir un recuerdo y su múltiples escenas , las misma pero distintas , el antiguo règimen del antiguo comandante es desplazado en el tiempo por el nuevo règimen desterritorializandolo en la Colonia . La desterritorializaciòn de que nos habla Deleuze se puede entender en Kafka de la siguiente maner: K no era checo , aunque naciò en Praga , y no era aleman , aunque era esta su lengua adoptiva , era judìo y judìa era la lengua de su madre , pese a que jamàs se sintió parte de la colectividad judìa en Praga.  
Escenas con el  comandante  creador de la màquina y el nuevo comandante , el oficial y el anterior comandante vìctimas ambos de la maquina solo que el oficial se somete a la màquina destruyendose y destruyendola .Solo con una sentencia “Se justo”…Texto

El engranaje  los personajes
Todos los personajes de este cuento giran en torno a la màquina , extraños sujetos , animales segmentarios de actitudes teatrales sin identidad fija .  El elenco de este cuento son sujetos parodiantes, apéndices o piezas adyacentes , figuras famèlicas , grotescas , fracasadas, que pasan por la màquina siempre de manera descentralizada ya que èsta ocupa el centro de la escena ; maquina célibe, solitaria , màquina improductiva de eterno retorno…”la màquina aùn trabaja y es efectiva. Es efectiva a pesar de su soledad en este valle …”
El viajero ( explorador- e investigador) -  es un sujeto nòmade , ciudadano de otro estado , viajero que solo tiene la intenciòn de mirar …” el condenado le era xtraño, no era compatriota y menos una persona que infundiera compasión…”; nòmade que atraviesa la tela de araña , el callejón sin salida en una loca huida luego de haber colaborado en el desmantelamiento del artefacto del antiguo règimen.
El oficial- Es un esclavo admirador de la maquina , el es fiel a la administración anterior , es oficial , maquinista , juez, tècnico , ingeniero , etc . Es un siervo uniformado , el es quien se somete a si mismo en cumplimienbto del deber , quien paga con su vida la prescripciòn olvidada, violada .
El soldado- Es un burócrata individual que no puede escapar del aparato al que està unido encadenado a su actividad a traves de toda su existencia . Cadenas de la existencia cotidiana . Es un simple engranaje “ un soldado que sostenìa la cadena pesada de la que salìan cadenas màs pequeñas , con las que el condenado estaba aherrojado tanto de los tobillos como de las muñecas , como del cuello”
El condenado- Criatura de apariencia humana que no se sabe a si mismo sujeto , sujeto a otro, ni sujeto a si mismo , con la cabeza gacha , indiferente y a su vez obediente. No opone resistencia alguna , no se enfrenta ni forcejea con el poder tampoco intenta escapar a la ejecución…” el condenado , un hombre apatico y de boca ancha , con pelo y cara descuidados ..tenìa un aspecto tan perrunamente sumiso, que al parecer , lo hubieran podido dejar suelto en las pendientes circundantes, y en el momento de la ejecución solo se necesitarìa silbarle para que acudiera…
El territorio- La isla  donde està ubicada la colonia es un desierto …” por un lado un  pequeño y arenoso valle rodeado y enclavado entre profundas paredes …” isla como  callejón sin salida para sus habitantes pero a su vez lugar atemporal y sin espacio , isla del no lugar geográficamente invisible , sin indicaciòn de sus coordenadas que depende totalmente de una estructura buròcratica.


 Epilogo:
Foucault  describe y profundiza el suplicio en su libro “ Vigilar y castigar”
Lo que sostiene el cuerpo supliciado, descuartizado , amputado o marcado simbòlicamente es la mirada del otro. Se necesita una exposición, la idea de un espectáculo. Un suplicio es un ejemplo de anatomía politica, en el cual se entrecruzan multiples variables desde el espacio donde se elije mostrar la ejecución asi como tambièn el tiempo que insume. Analizando los mètodos de puniciòn podemos descubrir indicadores de estructuras sociales y procedimientos de poder .
En la Colonia aparecen huellas de una època dorada en vìas de extinción, con còdigos morales estrictos y una nueva època que comienza a partir de la muerte del comandante anterior y la asunciòn  del nuevo comandante en la cual la mirada se dirije hacia el afuera de la isla , una època de construcciones portuarias y de distintas participaciones democràticas  en las asambleas. Cuenta el oficial …” que distinta era una ejecución en otros tiempos . un dìa antes el valle entero se llenaba de gente , las fanfarrias despertaban a todo el campamento …entonces empezaba la ejecución , ninguna nota discordante perturbaba la labor de la màquina …En la actualidad es imposible dar una idea de aquellos tiempos…”
Volviendo a Foucault : el suplicio es una tècnica que debe cumplir con tres requisitos :
-         Ha de producir una cantidad de sufrimiento que se pueda apreciar , comparar y jerarquizar .
-         La muerte es la ocasión y el tèrmino de una gradaciòn calculada de sufrimiento. El suplicio es el arte de retener la vida en el dolor de una agonìa exquisita .Es un arte cuantitativo del dolor pero tiene sus reglas escrupulosas .
-         Forma parte de un ritual que traza sobre el cuerpo del condenado unos signos que no deben borrarse y todo este procedimiento tiene como objetivo permanecer en la memoria de los hombres.
Para Foucault y tambièn para el oficial , el acusado no està al tanto ni de la acusaciòn ni de su castigo . La màquina de la justicia produce verdad en ausencia del acusado ; su cuerpo asegura el engranaje parlante .
Texto…  “ serìa inútil comunicarle su sentencia al condenado ya lo conocerà en su propio cuerpo…el no sabe que ha sido condenado ….no ha tenido oportunidad de defenderse…”
Segundo y ùltimo epìlogo   
Para algunos autores la escritura  de La colonia ocurre luego de que Kafka toma contacto con el libro de Octave Mirbeau “El jardin de los suplicios”(1899) por lo tanto a modo de cierre transcribo uno de los suplicios narrados en dicho libro que si bien tiene otras caracterìsiticas me remite a la descripción del suplicio  en la Colonia . es el tormento  de La Campana (Jài inventè des choses veritablemente sublimes, d´´admirable supplices qui, dans une otre temps et sous une autre dynastie, m´eussent valu la fortune et l¨`a inmmortalitè …Anjord¨hui le gènie ne compte pour rien “dice el verdugo de El Jardìn de los suplicios  dice el oficial “Que distinta era una ejecución en otros tiempos “…)
…” Un ruido estridente, como un chirrido de polea, cruzò el aire. Y después algo muy suave , muy puro contra la cual, una noche, choca el vuelo de una falena…Sobre el llano de un cerro extenso y bajo. Al que la alameda conducìa por una pendiente insensible y continua , habìa un espacio totalmente redondo , artìsticamente dispuesto en arboreto por sabios jardineros . En el centro de aquel espacio , la campana, enorme , panzuda, de un bronce mate con una lùgubre pàtina roja, estaba colgada , mediante el gancho de una polea , del travesaño superior de una especie de guillotina de madera negra cuyos montantes estaban decorados con inscripciones doradas y terroríficas màscaras. Cuatro hombres desnudos hasta la cintura , con los músculos tensos y la piel tirante hasta no ser mas que paquetes de protuberancias deformes, tiraban de la cuerda, y sus esfuerzos , rítmicamente combinados , apenas conseguian mover, levantar aquella pesada masa de metal que , a cada tiròn, exhalaba un sonido casi imperceptible , aquel sonido dulce , quejumbroso, que habìamos oido un rato antes y cuyas vibraciones iban a perderse y a morir entre las flores. El badajo, un pesado mazo de hierro , tenìa entonces un leve movimiento de oscilación, pero ya no llegaba a las paredes sonoras , hartas de haber tañido durante tanto tiempo por la agonìa de un pobre diablo. Bajo la cùpula de la campana, otros dos hombres, con la cintura desnuda y el torso chorreante de sudor , fajados con una tela de lana oscura, se inclinaban sobre algo que no se veìa . y su pecho , del que sobresalìan   las costillas , sus magros flancos resoplaban como los de los caballos exhaustos…
Y en aquel momento comprendimos sobre que se inclinaban aquellos dos hombres con el torso flaco y la cintura fajada da lana oscura que habiamos visto bajo la cùpula de la campana en cuanto entramos en aquella parte del jardìn .Estaban inclinados sobre un cadaver al que liberaban de las ataduras de cuerda y correas con las que habia estado sòlidamente amarrado …Ni el cuchillo que despedaza, ni el hierro candente que quema , ni las tenazas que arrancan, ni la cuña que abre las junturas , desconyuntura las articulaciones y quiebra los huesos como si fueran maderos . podian causar mas daños en los òrganos en carne viva , y llenar el cerebro de mas espanto que el sonido de la campana invisible e inmaterial, que se convertìa por si sola en todos los instrumentos de tortura conocidos , ensañandose a la vez en todas las partes sensibles y pensantes de un individuo, cumpliendo la tarea de mas de cien verdugos…





jueves, 28 de agosto de 2014

Del libro Astillas en el tiempo 
de Luis Vicente Miguelez


CAPITULO 8
Presencia amiga

Al finalizar el Lisis, el diálogo de Platón sobre la amistad, Sócrates dice:
“Si ni los semejantes ni los desemejantes, ni los buenos ni los afines, ni todas las cosas que hemos recorrido, pues ni yo mismo las recuerdo de tantas como han sido, si nada de esto es objeto de amistad, no me queda nada por añadir”.  “... Ahora Lisis y Menexeno, hemos hecho el ridículo un viejo como yo y vosotros. Pues cuando se vayan, éstos dirán que nosotros creíamos que éramos amigos – porque yo me encuentro entre vosotros - y sin embargo no hemos sido capaces de llegar a descubrir lo que es un amigo.”
Entiendo que su “fracaso” en definir al objeto de la amistad es su mejor acierto. Nos coloca sobre la pista de que ella no encierra un tipo de relación de objeto sino fundamentalmente una práctica de discurso. La amistad, tal como se despeja de la lectura del Lisis,  es esencialmente la experimentación del diálogo como acontecimiento.
Decir amigo es una de las manifestaciones culturales por excelencia. El carácter  realizativo que tiene este enunciado se pone de manifiesto en que su enunciación construye lazos e implicaciones entre sujetos. Cumple con lo que se denomina la condición performativa del habla, el hecho de hacer cosas con las palabras antes que referirse a las cosas mismas.
Ahora bien, la concepción que los antiguos griegos fueron forjando sobre la amistad  es un bello legado a Occidente,  ésta se fue concibiendo paulatinamente a través de su historia y nos llega múltiplemente determinada. Entre esta nutrida sobredeterminación originaria surge una asociación peculiar, la de su vinculación con la proxenia, con la obligación ciudadana de alojar al extranjero. La hospitalidad para con el extranjero tuvo verdadero valor de institución en el mundo griego.
La palabra philía, amistad en griego, además de designar cierta atracción por lo semejante[1], se vincula con la necesidad de alojar al extranjero, al diferente. En la concepción griega de amistad confluyen dos fuerzas opuestas, lo semejante y lo diferente. Ambas disposiciones convivirían en una suerte de tensión felizmente indisoluble.
Sabemos por nuestra parte que en la metapsicología freudiana lo ajeno, lo odiado y el objeto satisfaciente tendrían un origen común, el acto de expulsión originario que divide el mundo interno de lo externo. Freud finalmente acepta la idea de que en el origen más que el amor encontramos el odio. Lo odiado quedará asociado desde el comienzo con lo anhelado. Éste es el primer basamento de la ambivalencia afectiva con que la clínica psicoanalítica deberá lidiar en el campo del amor.
Por consiguiente, en la experiencia de la amistad encontramos el trabajo impuesto al psiquismo por la silenciosa carga de odio subyacente en la relación con el semejante. Parafraseando a Freud, se trata de poder triunfar allí donde el paranoico fracasa.
La relación de amistad implica reconocer y consentir las diferencias que se recortan de lo semejante, definiendo así el territorio de lo verdaderamente ínter- subjetivo. No obstante compartir la identificación con lo semejante, el vínculo con el amigo se diferencia de lo fraterno por conservar su condición de extranjero, de otro de uno mismo: la amistad no sería, entonces, otro nombre de la fraternidad.
Hay ciertos momentos, reflexiona Hannah Arendt, en que el vínculo de hermandad entre los hombres surge a partir del odio al mundo en el que estos son tratados inhumanamente. La fraternidad entonces, conserva en sí el poco de humanidad que aún queda en un mundo que se ha vuelto canalla. En esos tiempos de oscuridad, ella advirtió que esa forma de humanidad tiene un alto costo a pagar. Bajo la presión de la injusticia, la persecución, la discriminación, y la violencia los hombres necesitan juntarse tanto entre sí que hacen desaparecer los intersticios donde se sitúa el mundo, desaparece el “entre” donde prospera la civilización. Sin ese “entre” a la larga muere el diálogo. Es en estos intersticios donde florece la amistad. Por lo tanto, la experiencia de la amistad, más que un asunto de mera intimidad, es un suceder entre lo público y lo privado, un acontecimiento de revitalización cultural.
Refiriéndose al malestar que impera en la cultura Freud, no solamente reconoció la imposibilidad de cumplir con el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo, sino que mostró que ese mandamiento, al pretender anular la diferencia entre el otro y el sí mismo, deniega la dimensión de extranjero que hay tanto en uno como en otro y desconoce la ambivalencia por la cual el odio sigue como sombra todo amor por ese prójimo.
Si la amistad es un acontecer cultural y no religioso es porque se sostiene más en la reunión de lo heterogéneo que en la de lo semejante. En contraste con lo fraterno no busca homogenizar al otro en la imagen propia sino poder alojarlo en tanto extranjero.
Interponer la imagen propia en la relación con los demás fomenta en última instancia la tensión agresiva que circunda los vínculos entre semejantes. Hacemos referencia a una rivalidad primaria que más que por algún objeto en particular es una lucha por el ser. Su manifestación más perceptible se la observa en lo que se ha denominado el transitivismo infantil, donde el golpe dirigido al compañero de juego se vivencia más como recibido que como dado.
El odio que encierra la relación con el semejante no encuentra manera de ser tramitado en el escenario de espejos enfrentados que constituye la relación dual.  La experiencia de amistad configura una alternativa porque incorpora una tercera dimensión en el vínculo con el otro. Esa terceridad que crea intersticios es lo que se denomina presencia amiga.
Tanto en la amistad como en la experiencia analítica la dimensión de la presencia es de naturaleza tal que configura su singularidad. No me refiero con ello a una manera de estar sino fundamentalmente a aquello que constituye un don. La presencia dona conjuntamente una irrevocable alteridad y un fragmento de real más allá de la imagen idealizada- odiada. Subscribo plenamente lo que escribe John Berger en “El tamaño de una bolsa”: “La presencia no se vende. Sería lo único que no puede venderse. La presencia se regala... Es siempre algo inesperado, no la ves venir, avanza lateralmente”
En consecuencia pienso que el analista que percibe un pago por su labor no cobra empero por su presencia, pues tan sólo en el instante en que la da es que verdaderamente la posee.
Ahora bien, la agresividad que tiñe los lazos sociales tiene su punto de partida en las primeras experiencias infantiles. De ello dio testimonio San Agustín en el relato que hace de su más tierna infancia: lívido de furia contempla la escena en la que su hermano de leche goza plenamente del pecho materno. Lacan supo hacer de esta confesión una valiosa ilustración de la agresividad originaria. La asocia a la mirada envenenada con la que el infante experimenta la alineación primordial a una imagen ideal que lo separa de su identidad vivida: estructura paranoide que gobierna la organización pasional a la que llamará yo. De ahí que la alternativa o yo o el otro sea siempre falsa, pues en el fondo el yo es otro.
La verdadera alteridad de la presencia pone límite a la furiosa pasión humana de imprimir en la realidad la imagen propia. En términos metapsicológicos podemos situarla como lo que posibilita establecer el espacio, el intersticio, el intervalo entre el yo y el yo-ideal. Esa porción de real que incluye exige de un trabajo psíquico que distrae de la tensión de agresividad narcisista constitutiva del propio yo.
Una mirada amiga no es una mirada complaciente sino un mirar que puede reconocer y hacer lugar en lo altero del otro y de uno mismo a algún deseo singular. Es en este sentido que entiendo lo que afirma Platón en el Lisis acerca de que la causa genuina de la philía no es la necesidad de algún bien sino del deseo. Deseo de nada en particular, - su fracaso en encontrar el objeto de la amistad da suficiente prueba de ello-, deseo que ilumina el desgarramiento original que separa al yo humano de su ideal.
Platón denomina connaturalidad entre los amigos al hecho de estar cada uno afectado por algún deseo que lo hace incompleto, condición necesaria para el sostenimiento de los lazos de amistad. Pero no se trata del contenido de algún deseo en común sino del reconocimiento de la posición deseante del otro más allá de uno mismo. Esta situación los hace por una parte semejantes y por otra diferentes, extranjeros en la tierra del amor narcisista. Philía se distingue claramente de Eros. Mientras que la práctica de la amistad hace del diálogo la celebración[2] del deseo, Eros busca en la fusión amorosa restaurar una completud perdida. Los amantes estarían más afectados por la nostalgia de lo Absoluto.
La práctica del análisis reuniría en torno a la transferencia tanto a Eros como a Philía. Eros, que impulsa a lo Absoluto, sostiene en ella la ilusión de un bien a obtener de un Otro al que se le supone tenerlo, o por lo menos saber cómo alcanzarlo, mientras que Philía, que hace del diálogo y de la presencia el acontecimiento privilegiado, castra a ese Otro para volverlo amigo. “Te amo, pero como amo en ti inexplicablemente algo más que a ti, te mutilo”, expresa no sin cierta crueldad Lacan en su Seminario refiriéndose a los finales de análisis.
Sabemos por experiencia que sin ilusión no habría transferencia pero que sin alguna verdad sobre el deseo ésta sería pura sugestión. En tanto participa en la transferencia analítica no solamente Eros sino también Philía es que podemos testimoniar de verdaderos finales de análisis y no únicamente de rupturas y desilusiones.
La presencia real del analista convierte a la escena transferencial en algo distinto a la mera reproducción de vivencias vitales malogradas o a una pura proyección imaginaria. Si aún bajo la preeminencia de la eterna repetición de lo mismo se presiente algún nuevo descubrimiento es porque dicha presencia  aporta, sobre el fondo imaginario de la relación dual, la irreductibilidad de la alteridad del sujeto. Es ese fragmento de real que hace del ser un existir.
La metáfora del espejo con la que se pretendió en su momento ilustrar la función del analista demostró ser absolutamente inadecuada porque oculta lo esencial del lazo analítico. Justamente por no ofrecerse como el espejo donde se mira el paciente y sí como presencia amiga, es que el analista posibilita rehacer en el desarrollo de un análisis la experiencia de ese estar solo en presencia de un otro con el que Winnicott iluminó el origen de un estar relajado no interferido por la demanda de ser. Debemos cargar en su cuenta esos momentos de silencio elaborativo a los que se entrega el paciente en la sesión y que se corresponden con un progreso en el tratamiento. La función del analista es básicamente hacer de su presencia la disposición al encuentro con el deseo, sin encaminarlo hacia algún ideal ni aplastarlo con el propio. Efectivamente en esto consiste la abstinencia analítica, tal como proponía Ulloa, algo muy alejado de la indolencia afectiva o de la neutralidad cruelmente obsesiva.
En la experiencia compartida de un análisis, el analista se irá convirtiendo en una presencia amiga capaz de sobrevivir al ejercicio de destrucción imaginaria a la que la somete el amor-odio en la transferencia. 
Sin la experiencia de máxima destructividad el sujeto nunca coloca al analista afuera, y por lo tanto jamás puede hacer otra cosa que experimentar una especie de autoanálisis, usando al analista solamente como una proyección de una parte de si mismo”. Me asocio plenamente a este comentario con el que Winnicott presenta las vicisitudes de un análisis y entiendo que lo que él denomina el analista afuera es lo que estoy intentando conceptualizar con el término presencia. Sin esa presencia en la que incluyo aquello que hace a su estilo, el analista no es  otra cosa que una mera proyección y el análisis se convierte inexorablemente en autoanálisis frustrante, por más que se pueda disfrutar de ello por un tiempo.
La apuesta analítica apunta siempre a la aparición de alguna metáfora vivificante que posibilite que en el tiempo congelado de la repetición de lo mismo se abra una brecha que aloje al sujeto.
Un paciente, hijo póstumo, encuentra en la relación con su analista la oportunidad de entablar un diálogo con su padre muerto, restañar en ese diálogo heridas abiertas y aligerar el peso de una nostalgia culposa que aún antes de sus primeras vivencias afectivas tiñe su existencia de un tinte opresivo e inhibitorio.
El analista tomado en esa relación transferencial - por supuesto no pretende ser el padre pero tampoco rehúye a evocarlo- reconoce en los afectos que despierta, viejos anhelos, amores y rencores, su implicación personal. Intuye entonces en los avatares transferenciales que agitan ese análisis que algo importante está sucediendo.
Podemos suponer que se repiten con el analista las vicisitudes fantasmatizadas de un encuentro que realmente jamás se produjo. El análisis se va desenvolviendo en una situación verdaderamente paradojal donde puede decirse que la cosa marcha, que el diálogo entablado propicia el trabajo elaborativo.
Ahora bien, sin ahondar demasiado en el caso, quisiera destacar un punto que pienso fundamental: la transferencia obliga al analista a interpretar al padre.  Para las consideraciones que siguen es necesario recuperar la multiplicidad y diversidad semántica del término interpretar.  
El guión que el paciente aporta con su relato es condición necesaria pero no suficiente para que la interpretación ocurra y el analista deberá recurrir entonces a su propio inconsciente, fuente valedera de resonancias inéditas. Así como un pianista inspirado al ejecutar una partitura hace oír al propio compositor melodías jamás apreciadas, el analista, en lo remanido del guión de una vida, hace oír aquello que nunca antes fue escuchado, retorna en las interpretaciones lo verdaderamente inaudito de la trama.
En este caso, donde la transferencia repite una vez más ese diálogo imposible con el padre muerto, la presencia real del analista permite que el paciente haga la experiencia de que sus palabras sean por fin escuchadas, de poder dirigirlas verdaderamente a alguien, que aún no siendo el padre puede interpelar.
Lacan dijo alguna vez que los análisis comienzan hablándole de uno a nadie y continúan hablándole a alguien pero no de uno y terminan cuando aquel, que seguramente ha cambiado sensiblemente en su transcurso, consigue hablar de sí a alguien. Conjeturo que la transformación de la palabra del sujeto tiene como principal motor la aparición del analista como presencia amiga.


Referencias bibliográficas

Platón, Diálogos. Lisis o de la amistad. Reysa ediciones, 2005
L. Pizzolato, La idea de la amistad en la antigüedad clásica y cristiana. Muchnik editores, 1996
S. Freud, Metapsicología. Los instintos y sus destinos. O.C. tomo I. Biblioteca Nueva, 1967
S. Freud, El malestar en la cultura. O.C. volumen 21. Amorrortu, 1992
H. Arendt, Hombres en tiempos de oscuridad. Gedisa editorial, 2001
J. Berger, El tamaño de una bolsa. Taurus, 2004
J. Lacan, La agresividad en psicoanálisis. Escritos II. Editorial Siglo XXI, 1975
J. Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Seminario XI, cap.20. Barral Editores, 1977
J. Lacan, Las psicosis. Seminario III, cap.12. Paidós, 1984
D.W.Winnicott, Los procesos de maduración y el ambiente facilitador, La capacidad de estar solo. Paidós,1993
D.W.Winnicott, Exploraciones psicoanalíticas I, Sobre “el uso de un objeto”. Paidós,1991




[1] Se le atribuye a Pitágoras la introducción del vocablo philía para referir a la unión entre los términos. Denominó “números amigos” a aquellos que se corresponden en la suma de los factores.

[2] Celebración, acto jubiloso conmemorativo de un acontecimiento que pone el énfasis en el cada vez. Remite a la concepción freudiana del juego en “Más allá del principio del placer”

sábado, 23 de agosto de 2014

LENGUAS  DEL OTRO 
Carlos Guzzetti

 RESUMEN
La práctica analítica se desarrolla entre dos lenguas. Ello es correlativo al hecho de que la constitución del sujeto es resultado de la violencia ejercida por la lengua del Otro sobre el infante desvalido. La traducción está en la base del trabajo del análisis porque es inherente a la relación del sujeto con el prójimo. Ese encuentro es de entrada ético, determinado por la presencia real del rostro. La noción de cortesía da lugar a su dimensión estética. El dispositivo transferencial es transformador tanto del analizante como del analista. La invención freudiana de un nuevo lazo social, no basado en la identificación ni en la estructura libidinal de la masa, es lo que permite afirmar el porvenir de nuestro arte.
* * *

Toda cultura se sostiene de sus mitos, de las variadas torsiones de esas historias fundadoras, que tienen la función de producir y reproducir sujetos, de marcar los bordes de la relación del sujeto con el otro, de indicar los modos de sumisión y de dominio al y del otro. Nuestra cultura occidental se nutre de múltiples yacimientos mitológicos, en particular de los provenientes del sustrato judeo-cristiano y de la antigüedad greco-latina.
Uno de esos mitos formadores es el de la torre de Babel. Esos pocos versículos del Génesis han pasado a lo largo de los milenios a adquirir un valor performativo decisivo de las relaciones entre los hombres. El mito afirma que Jehová, preocupado por el desafío que el trabajo mancomunado de los mortales significaba para su autoridad, decidió introducir la discordia entre ellos. Sobre la faz de la tierra se hablaba una sola lengua, unas mismas palabras, inequívocas y adecuadas siempre a las cosas. Envalentonados por este enorme poder sobre el mundo, el otorgado por la perfecta comprensión, deciden construir la torre que alcanzaría el cielo, disputando sus dominios a Dios. De mantenerse el estado de cosas, era seguro que conseguirían su objetivo. Por lo tanto, el vengativo y celoso Creador descendió sobre la ciudad para confundir las lenguas de modo que nadie pudiera entender el habla de su compañero. De este modo logró que la humanidad se dispersara sobre la faz de la tierra y dejara de edificar la peligrosa torre.
En esta ocasión, a diferencia de tantas otras, Dios se manifiesta mediante una violencia puramente simbólica. Nada de rayos ni diluvios, ni murallas derribadas. Tan sólo la confusión de lenguas bastó para demostrar su poder omnímodo. Fue suficiente con introducir el equívoco, la inadecuación de las palabras de uno a las del otro, para que se conjurase la amenaza que se cernía sobre el poder divino. A partir de allí la presencia del Otro absoluto estaría modulada por la presencia de la alteridad en el prójimo. Si antes de Babel todos los hombres eran Uno, después cada uno resultó extranjero para su semejante. Y así estamos todavía, sin perspectivas de que eso cambie.
Las experiencias más cotidianas testimonian de la eficacia de ese acto divino. Resulta ineludible que en todo encuentro con nuestros semejantes se produzca el malentendido, la confusión, fuente inagotable de querellas y disputas. Sin embargo también a ella le debemos la necesidad universal de la poesía, de la escritura, de la creación estética, único modo de compararnos con la divinidad. Antes de Babel no era preciso el arte, ya que las cosas eran directamente convocadas por las palabras. Después, esa magia ya no operaba, era sólo privilegio de Jehová.
El acto divino de la confusión de lenguas, entonces, introduce una violencia puramente simbólica, lo que de todos modos no deja de ser una violencia eficaz, si no la más.
La adquisición del lenguaje por parte de nuestros niños es también un proceso violento. Entre el infante y el adulto no hay identidad de lenguas, es por eso que los niños lloran, porque el adulto es incapaz de comprender sus necesidades para satisfacerlas sin demora. El proceso es violento y trabajoso (todos hemos visto o sufrido lo agotador que puede resultar y a los extremos que puede llevar el llanto insistente de un bebé) Hace pocos días las noticias informaron de un padre que metió a su bebé en el lavarropas. Cada llanto debe ser significado, forzado a entrar en el limitado universo de significaciones posibles que el adulto proporciona, para de este modo convertirse en una demanda sometida a las vicisitudes de toda demanda a un otro, que puede estar o no dispuesto a satisfacerla, demorarla, frustrarla o sostenerla de modo de que más allá de ella pueda constituirse un deseo propiamente humano. Se trata, como recordaba Mariana, de la violencia primaria de Piera Aulagnier.
Diremos entonces que la lengua del otro siempre tiene un poder traumático. La del adulto para el niño, como acabo de señalarlo, y también la lengua de nuestro prójimo, las diversas inflexiones, peculiaridades léxicas o prosódicas que convierten a la supuesta lengua común en esencialmente incomprensible. Nunca estamos seguros de comprender plenamente lo que el otro nos dice. Ese trauma se procesa con el trabajo del inconsciente. El inconsciente freudiano es precisamente el modo de procesamiento de esta violencia ejercida por la lengua del otro sobre un sujeto en formación.
La experiencia de conducir un análisis nos confronta permanentemente con el hecho de que paciente y analista no hablan la misma lengua. Desde los comienzos del psicoanálisis Freud señaló que las palabras extranjeras están más facilitadas para la producción del trabajo del sueño, el acto fallido, el olvido, porque al ser más indiferentes están más disponibles que las palabras de la propia lengua, cargadas de significado.
Más aún, la eficacia analítica reside en buena medida en poder escuchar el decir del analizante como si se tratara de una lengua extranjera. En ella se pierden las escanciones propias para poder escucharse en otros lugares. Sabemos que en el aprendizaje de una lengua extranjera lo más difícil es reconocer dónde empieza y termina cada palabra, por esto en general resulta más fácil leerla que hablarla o entenderla.
No obstante, en el curso de análisis prolongados, suele establecerse entre paciente y analista una complicidad discursiva, un dialecto propio de ese vínculo transferencial que opera a la vez como indicador de confianza y trabajo compartido y como vehículo de la resistencia. Algo similar a la “lengua fundamental” (Ursprache) del presidente Schreber. Recuerdo una anécdota atribuida a Lacan en sus célebres presentaciones de enfermos en Sainte Anne. Entrevistando en público a los pacientes psicóticos, jamás daba por sobreentendida ninguna palabra que escuchaba. Cuando alguien hablaba de un “fórmula uno”, obviamente referido a los autos de carrera, él interrogaba exhaustivamente el término, como si en verdad no entendiera de qué se trataba. Quizás en verdad no lo sabía…
Obviamente que siguiendo a ultranza esa política podemos caer en la estupidez o el ridículo, pero creo necesario no dejarse seducir por las numerosas significaciones compartidas e interrogar aún lo aparentemente obvio.
En otro plano, a tal punto la diversidad lingüística es traumática, que muchas guerras, en todos los períodos de la historia, tuvieron su origen en una política de la lengua. La película de 2001 No man’s land, del director bosnio Danis Tanović, testimonia trágicamente los efectos subjetivos de la guerra serbio bosnia, donde la cuestión lingüística constituía una dimensión fundamental. Si no te comprendo, entonces te asesino, de este modo me aseguro mi propia integridad e identidad. Expulso de mí al otro extranjero, que así se convierte irreductiblemente en mi enemigo.
Otras políticas son posibles. Vascos, catalanes o gallegos, misioneros, correntinos y salteños son protagonistas de los variados modos en que se manifiestan las políticas lingüísticas. La reciente película “Siete cajas” muestra la mixtura idiomática que hablan las clases populares de Asunción, por lo cual el film está subtitulado en castellano.
Tomemos como ejemplo un fenómeno histórico referido a la constitución de la lengua francesa, correlativa de la conformación del Estado nacional. Bajo el reinado de Francisco I, en 1539 se dicta la ordenanza de Villers-Cotterêts, que impone que todos los procedimientos judiciales y las leyes sean pronunciados en lengua “francesca”, -allí está una de las raíces del nombre del francés, deudor del nombre de pila del rey Francisco-. Hasta entonces Francia era un conglomerado de territorios feudales habitados por diversos grupos étnicos y culturales, que hablaban diferentes dialectos -langue d’oc, langue d’oil, gascón, alsaciano, normando, etc.- La institución de una lengua nacional única, con el argumento de reducir la equivocidad de las ordenanzas reemplazando el latín como lengua culta y la multiplicidad de dialectos como lenguas populares, tenía el claro propósito de sustentar la consolidación política del Estado nacional, soportando la ficción jurídica de que nadie pudiera alegar la ignorancia de la ley.
En este contexto un grupo de diputados de la Provenza van a París a protestar ante el rey por la obligación de juzgar en francés. El rey los hace esperar meses la audiencia solicitada, y les hace saber que no habla otra lengua que el francés. Ante esto, los diputados rebeldes tuvieron ocasión de aprender correctamente la lengua real. En ese mismo acto, pues, pierde todo sentido su protesta, ya que para poder formularla deben hacerlo en la lengua que combaten, la lengua de su enemigo, con lo cual la reivindicación del dialecto regional pierde todo su sentido. Los diputados provenzales se encontraban ante una encerrona ineludible: para reclamar a favor del dialecto, como para reclamar justicia sin más, era necesaria la traducción, era necesario aprender el francés. Y una vez dominada la lengua del rey, proceso imprescindible para tratar de convencer, la reivindicación de la lengua regional carece ya de todo sentido. En el proceso de lucha en favor del dialecto se produce el sometimiento a la lengua dominante.
Hablando la lengua del rey, se reconoce su ley y su autoridad, la lengua materna sucumbe a la lengua del rey, la de la ley que encarna. “Un rey es alguien que sabe hacernos esperar o tomarnos el tiempo necesario para aprender su lengua a fin de reivindicar nuestro derecho, es decir, a fin de confirmar el suyo”. (Derrida)
El ejemplo nos ilustra una forma pacífica, persuasiva, en que esta violencia puede ser ejercida.
Los psicoanalistas tenemos mucho que aprender del problema del translingüismo, porque todos somos de alguna manera translingüísticos. Ferenczi piensa la constitución del inconsciente como un problema relativo a la confusión de lenguas. Trabajamos pues entre dos lenguas, la de la pasión y la de la ternura, modos en que los universos del infante y del adulto se ponen en juego dramático en la actualidad del vínculo transferencial.
Ahora bien, estas afirmaciones subrayan el hecho de que en la relación entre los hombres existe una operación ineludible, a veces explícita y la mayor parte de las veces no, pero siempre presente, que es la traducción. El diálogo siempre implica la puesta en marcha de un proceso de traducción. Al respecto Borges, convidado de piedra en la literatura analítica argentina, sostiene que “ningún problema es tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone una traducción.”
Roman Jakobson se ocupó en un artículo ya clásico de los aspectos lingüísticos de la traducción. Su punto de partida es que todo conocimiento a través de la lengua implica un proceso de traducción. Y deben considerarse tres modos de  traducción posibles:
·      La traducción intralingüística, o reformulación es una interpretación de los signos verbales mediante otros signos de la misma lengua.
·      La traducción interlingüística, o traducción propiamente dicha es una interpretación de los signos verbales mediante cualquier otra lengua.
·      La traducción intersemiótica, o transmutación es una interpretación de los signos verbales mediante los signos de un sistema no verbal, por ejemplo los gestos, la mímica, etc.
Quiere decir que todo el proceso de significación pone en juego la operación de traducción, en cualquiera de los sentidos apuntados. No hay significación sin traducción.
Jakobson apuesta a la traductibilidad completa de la información. Desde esta perspectiva siempre será posible trasponer la totalidad de la información contenida en el original. En el caso de la traducción en sentido estricto, la falta de recursos tanto léxicos como gramaticales en la lengua a la que se traduce un mensaje no impedirá la traducción de toda la información mediante procedimientos léxicos. Es decir, que si la estructura gramatical de una lengua es resistente a la significación de determinado mensaje, o si la misma carece de unidades léxicas equivalentes, siempre será posible mediante alguna perífrasis trasponer la totalidad de la información original. Para ejemplificar basta con recurrir a la expresión más escuchada en la filmografía norteamericana, ya universalizada por el uso reiterado. Me refiero al famoso “fuck you!”. Es imposible trasponerla literalmente  en castellano, ya que la estructura gramatical y los recursos léxicos de una lengua y otra difieren en este aspecto de modo significativo. Pero, según Jakobson siempre podrá explicarse o trasponerse el mensaje sin pérdida de información.
No obstante, reconoce un límite a esta traductibilidad completa: resulta imposible transponer completamente mensajes tales como chistes, sueños o juegos de palabras, porque cualquier perífrasis en castellano desposee a la traducción del valor semántico adicional dado por la semejanza fonética. La frase traduttore, traditore, al trasponerse como “el traductor es un traidor” pierde el sentido adicional otorgado por la paronomasia en italiano, es decir, el hecho de que entre ambos términos sólo hay un fonema de diferencia.
Esto nos sitúa de lleno en la salvedad que Jakobson hace a su principio: la poesía es por definición intraducible. Allí sólo cabe la transposición creadora. Nuestra práctica se sitúa por completo en este plano.
Mariana recordaba el texto de Benjamin de 1923. Allí afirma que la tarea del traductor “consiste en encontrar en la lengua a la que se traduce una actitud que pueda despertar en dicha lengua un eco del original”. Esta idea se sostiene en la premisa de una lengua superior, la lengua de la verdad, a la que puede aspirar el filósofo. No quiero ahora discutir las resonancias que tiene esta idea en nuestra práctica. Pienso al respecto que la verdad con la que tratamos los psicoanalistas es indisociable de la lengua en la que se pronuncia, que es el resultado del diálogo analítico, una suerte de mestizaje lingüístico.
Borges (otra vez) pronuncia en la Universidad de Harvard, curso 1967-1968,  una conferencia con el hermoso título “La música de las palabras y la traducción”. En efecto, la música es el elemento más resistente a la trasposición de un texto de una lengua en otra. ¿Cómo reflejar en la propia lengua, los sentimientos que la musicalidad del texto evoca en la lengua “original”? Allí afirma que “durante toda la Edad Media, la gente no consideraba la traducción en términos de una transposición literal, sino como algo que era recreado: como la labor de un poeta que, habiendo leído una obra, la desarrollaba luego a su ser, según sus fuerzas y las posibilidades hasta entonces conocidas de su lengua”. Y, agrego, a la prosodia y musicalidad que su cultura prescribe, lo más definitorio de una identidad lingüística, lo que nos permite reconocer a los uruguayos, cordobeses o andaluces.
“Por el contrario, la idea de una traducción literal surge con las traducciones de la Biblia…[1]
Sabido es que Freud tradujo tempranamente a Charcot y a Bernheim. El método que utilizaba, según sus propias palabras, era leer un párrafo completo y luego escribirlo tal como lo diría en alemán, es decir, prescindiendo de toda pretensión de literalidad. Coincide en esto con los traductores medievales que Borges evocaba. También es verdad que para él el relato del sueño era un “texto sagrado”, idea que recoge la larga tradición talmúdica de la que era tributario. No obstante bendijo la traducción al castellano de Ballesteros, que, como todos sabemos, se permite muchas licencias poéticas que hacen el encanto de un estilo elegantemente arcaico.
Posteriormente, y en esto Lacan tuvo una influencia decisiva, los estudios psicoanalíticos fortalecieron esa vertiente exegética, por lo que las traducciones perdieron belleza poética en aras de lecturas “a la letra”, que con frecuencia produjeron textos de una pavorosa aridez. Buena parte de la dificultad de lectura de algunos autores proviene de la transcripción de construcciones sintácticas ajenas a la lengua castellana, resultado de un excesivo temor a perder el tesoro conceptual supuesto a los originales.
Es preciso reconocer un fuerte paralelismo entre el encuentro con el prójimo y la experiencia estética. Ella está siempre presente en nuestros vínculos con el otro. Algunas culturas han desarrollado ampliamente la estética del encuentro, el protocolo, el ceremonial. La barbarie globalizada hacia la que avanza precipitadamente Occidente infiltra también esta faceta si se quiere más privada del lazo social. En la vida cotidiana prescindimos cada vez más de las manners, los gestos amables, los pasos de baile de aceptación o rechazo, de proximidad y distancia necesarias para entablar el diálogo. No obstante, el destino del encuentro analítico depende en gran medida del timing en el manejo de esta coreografía intersubjetiva, el arte del diálogo.
La esencia del hecho artístico (sigo aquí a George Steiner) consiste en que la libertad propia del artista de donar o de retener su obra se encuentra con una libertad de recepción o de rechazo. En este terreno es esencial la cortesía, “tacto del corazón” la define, que se constituye así en un  concepto de la fenomenología del encuentro estético. Es preciso ser cortés con la obra y la obra precisa ser cortés con el espectador, con aquel a quien se dirige. Siempre el encuentro con la obra es un encuentro de orden ético, es preciso darle la bienvenida a la obra, no es posible llegar a ella si uno no la recibe. Un ejemplo de bienvenida es la traducción, es la acogida que se le da a una lengua extranjera, los ejercicios de saludo, de reticencia, de comercio entre culturas, de lenguas y de modo de decir. En este sentido el traductor es un perfecto anfitrión. La experiencia de traducción se asimila así a la experiencia de encuentro con la obra de arte.
Esta cortesía lingüística debe expresarse tanto en el plano léxico, como sintáctico y semántico. ¿Qué quiero decir con esto? En el psicoanálisis estamos muy acostumbrados a una falta absoluta de cortesía lexical, hablamos o escribimos con palabras incomprensibles para los demás; estamos acostumbrados a una falta total de cortesía sintáctica, usamos construcciones absolutamente atravesadas, en general resultado de malas traducciones de malas desgrabaciones de conferencias pronunciadas al calor de un debate; también estamos acostumbrados a una descortesía semántica profunda, nunca estamos seguros de lo que decimos cuando decimos lo que decimos. Los conceptos del psicoanálisis a veces dejan de ser operativos conceptualmente para transformarse en sencillas passwords, palabras clave que sirven para reconocerse mutuamente y punto. Se trata pues de una descortesía semántica profunda.
La cuestión de la cortesía entra en sintonía con el que me ocupa desde hace tiempo que es la hospitalidad. Es preciso ser corteses con los extranjeros que nos visitan, con el otro, con la alteridad del otro. El encuentro sólo es posible y productivo si contamos con los recursos para  saber recibirlo y ser recibidos.
A este respecto resulta esclarecedor el pensamiento de Emmanuel Lévinas, que concibe la relación con el otro con una metáfora tajante. El vínculo primordial y decisivo no se da uno junto a otro, sino cara-a-cara. Es frente al rostro del otro, de nuestro próximo -Nebenmensch lo llamaba Freud- que se juega el destino de cada uno.
Ese acceso al rostro es de entrada ético, “la mejor manera de encontrar al otro es la de ni siquiera darse cuenta del color de sus ojos”. Si la relación está dominada por la percepción no hay encuentro, no hay rostro siquiera, hay rasgos, hay cara. La ética del rostro se expresa en la relación de responsabilidad para con el otro. Como la piel del rostro es la que está más desnuda, es la más vulnerable. Entonces el rostro se nos presenta como un mandato, como un mandamiento: no matarás. Es muy difícil matar a alguien mirándole a los ojos, de allí la venda que se le pone a los condenados. Es el rostro del otro lo que nos prohibe matar. Estas ideas son absolutamente coincidentes con la concepción freudiana del origen de la moral en la indefensión originaria, en la identificación con el desvalimiento del otro.
El rostro es pura comunicabilidad, pone en juego la enunciación, independiente de cualquier enunciado. No podemos estar en presencia real del rostro del otro sin vernos impulsados, compelidos a responder, lo que constituye la más elemental significación de la responsabilidad. 
Nuestro trabajo como psicoanalistas, enfrentados cara-a-cara con el sufrimiento del otro y el propio, nos ha hecho llegar a la misma conclusión. Y esto muy a pesar de la clásica disposición de los interlocutores en el diálogo analítico, el diván, que, más allá de las caricaturas, tiene una eficacia tal que con frecuencia nos la hace preferible al frente a frente del diálogo social.
¿Cuál es entonces el fundamento del lazo social? Los hombres no se reúnen por el hecho de pertenecer al género humano. Esa comunidad no es suficiente para prevenir los dispositivos sociales de liquidación del otro como sujeto. Tiempos en que el hombre es cosa para el hombre. Más bien los hombres se reúnen por compartir algún rasgo, encarnado por un líder. Esas formaciones sociales de masa, de grupo, responden a una lógica libidinal muy estudiada.
El problema es que si estoy yo solo con el otro se lo debo todo a él; cara a cara se lo debo todo a él, pero existe el tercero y por eso existe la justicia. La justicia es lo que modera el privilegio del otro. Aunque con más frecuencia de la deseable, ella se pone al servicio de esos dispositivos, estados de excepción que se convierten en norma.
Frente a ellos, la invención freudiana más decisiva para el porvenir del psicoanálisis es la de un nuevo lazo social. La transferencia reúne a dos sujetos que se sujetan a otro dispositivo singular, destinado a posibilitar un encuentro del que ambos salgan transformados. El paciente, aliviado de sus padecimientos neuróticos, habiendo alcanzado un grado mayor de libertad para amar y trabajar. El analista, que como decía Winnicott, le debe la mayor parte de su saber hacer a sus verdaderos maestros, los pacientes.
En otro nivel, la comunidad de analistas, es deudora de ese original lazo social. Si bien las instituciones analíticas no están a resguardo de los peligros de iglesias o ejércitos, estructuras de masas que constituyen la dimensión real del vínculo interhumano, nuestra práctica del inconsciente es la mejor herramienta con la que contamos para tramitar lo traumático del encuentro con el otro. Es por ello que la política psicoanalítica, la que apuesta al porvenir, no es la de las grandes marchas sino la de la multiplicidad de encuentros posibles.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Borges, J.L., "Las versiones homéricas", Discusión, 1932
Borges, J.L., “La música de las palabras y la traducción”
Derrida, J., El lenguaje y las instituciones filosóficas, Paidós, Barcelona, 1995
Derrida, J., El monolingüismo del otro
Ferenczi, S., Confusión de lenguas entre los adultos y el niño, en O.C. Espasa Calpe, Madrid, 1981
Jakobson, R., En torno a los aspectos lingüísticos de la traducción, en Ensayos de lingüística general, Planeta, Barcelona 1985
Lévinas, E., Ética e infinito, Visor, Madrid, 1991
Steiner, G. Presencias reales, Destino, Barcelona, 1991
Steiner, G. Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción





[1] “Pero, si nuestra mentalidad es histórica, creo que quizá podamos imaginar que llegará un día en el que los hombres ya no tengan tan presente la historia como nosotros. Llegará un día en el que a los hombres les importen poco los accidentes y las circunstancias de la belleza; les importará la belleza misma. Puede que ni siquiera les interesen los nombres ni las biografías de los poetas.”